Los días después de la discusión fueron incómodos.
Sebastián y Alina apenas hablaban.
Ambos actuaban como pareja frente a los demás, pero cuando estaban solos… el silencio era enorme.
Una tarde Alina decidió salir sola a tomar aire.
Caminó hasta un pequeño café del centro.
Cuando estaba esperando su bebida, escuchó una voz conocida.
—Pensé que no volvería a verte.
Alina se giró.
Era Daniel.
—Hola —respondió con una sonrisa leve.
Daniel se sentó frente a ella.
—No pareces muy feliz para ser la prometida de Sebastián Valverde.
Alina suspiró.
—Las apariencias engañan.
Daniel la observó con atención.
—Sabes… siempre he pensado que mereces algo mejor.
Alina frunció el ceño.
—No empieces.
Daniel sonrió.
—Solo digo que si alguna vez necesitas escapar de ese contrato… puedes llamarme.
Alina no respondió.
Pero la idea quedó flotando en el aire.