Alina no entendía lo que sentía.
Sebastián podía ser frío.
Controlador.
Arrogante.
Pero también había momentos en los que parecía completamente diferente.
Una noche estaban en el balcón de la mansión.
Mirando las luces de la ciudad.
—¿Por qué aceptaste el contrato? —preguntó Sebastián de repente.
Alina lo miró sorprendida.
—Ya lo sabes.
—No.
Sus ojos se suavizaron un poco.
—Quiero saber la verdad.
Alina dudó.
Luego habló.
—Porque no tenía otra opción.
—¿Solo por la deuda?
Ella bajó la mirada.
—Y porque tenía miedo de perder lo último que me quedaba de mi familia.
Sebastián guardó silencio.
Luego dijo algo que ella no esperaba.
—No voy a dejar que pierdas esa casa.
Alina levantó la mirada.
—¿Incluso si rompemos el contrato?
Sebastián la miró fijamente.
—Incluso entonces.
Por primera vez…
Alina vio algo vulnerable en él.