Unos días después hubo otro evento importante.
Un gran baile organizado por inversionistas.
Alina llevaba un vestido rojo que llamó la atención de todos.
Especialmente de Daniel.
—Te ves increíble —le dijo él cuando se acercó.
—Gracias.
Daniel le ofreció la mano.
—¿Bailas conmigo?
Alina dudó.
Pero aceptó.
Mientras bailaban, Daniel se inclinó un poco más cerca.
—No deberías estar con alguien que te hace sufrir.
Alina suspiró.
—No es tan simple.
—Podría serlo.
Daniel se detuvo.
La miró.
Y la besó.
En ese mismo instante…
Sebastián entraba al salón.
Y vio todo.
La expresión en su rostro cambió completamente.
Sus ojos se oscurecieron.
Porque algo dentro de él acababa de romperse.