El salón de baile seguía lleno de música y conversaciones.
Pero para Sebastián todo se volvió silencio.
Solo veía una cosa.
Los labios de Daniel sobre los de Alina.
La sangre comenzó a hervirle.
Caminó directamente hacia ellos.
—Apártate de ella.
Su voz fue fría.
Peligrosamente calmada.
Daniel soltó una pequeña risa.
—Tranquilo, Valverde. Solo estábamos bailando.
Sebastián dio un paso más cerca.
—Te dije que te mantuvieras lejos.
Daniel no retrocedió.
—No es tuya.
Las palabras fueron suficientes.
Sebastián lo empujó con fuerza.
Varias personas se giraron a mirar.
—¡Sebastián! —exclamó Alina.
Pero ya era tarde.
Daniel también respondió empujándolo.
En segundos ambos estaban peleando en medio del salón.
Un golpe.
Luego otro.
Las personas comenzaron a separarlos.
Alina sintió el corazón en la garganta.
—¡Deténganse!
Finalmente los guardias intervinieron.
Sebastián estaba respirando con fuerza.
Sus ojos seguían clavados en Daniel.
—Si vuelves a acercarte a ella…
—¿Qué vas a hacer? —respondió Daniel.
El silencio fue tenso.
—Lo que sea necesario.