Las palabras de Sebastián seguían resonando en la mente de Alina.
Todo había comenzado por culpa.
Por reparar algo que su familia había hecho.
Eso dolía más de lo que esperaba.
—Necesito tiempo —dijo finalmente.
Sebastián la miró con preocupación.
—Alina…
—No —lo interrumpió ella—. No ahora.
Tomó su bolso.
Y caminó hacia la puerta.
Sebastián no la detuvo.
Pero cuando la puerta se cerró…
Sintió algo que no había sentido en años.
Miedo.
Porque por primera vez podía perder algo que realmente le importaba.