Alina se mudó temporalmente al pequeño apartamento de una amiga.
Necesitaba distancia.
Necesitaba pensar.
Pero por más que lo intentaba, no podía dejar de pensar en Sebastián.
En su mirada.
En sus celos.
En la forma en que la había besado.
Una noche su amiga le preguntó:
—¿Lo amas?
Alina guardó silencio.
Porque la respuesta la asustaba.