Sebastián estaba conduciendo de regreso a la mansión cuando recibió una llamada.
Era Daniel.
—Tenemos que hablar.
Sebastián suspiró.
—No tengo nada que decirte.
—Es sobre Alina.
Eso fue suficiente para que aceptara encontrarse.
Pero cuando Sebastián llegó al lugar…
Daniel no estaba solo.
Había periodistas.
Cámaras.
Luces.
—¿Qué significa esto? —preguntó Sebastián.
Daniel sonrió.
—Significa que el mundo va a saber que tu relación es falsa.
El corazón de Sebastián se tensó.
Si el contrato se hacía público…
Todo se destruiría.