La deuda del millonario

Extra - Para siempre

La boda fue mucho más sencilla de lo que todos esperaban.

Sebastián Valverde podría haber organizado el evento más lujoso del país si hubiera querido.

Pero no lo hizo.

Porque Alina no quería algo lleno de cámaras ni de empresarios.

Quería algo real.

La ceremonia se realizó en un jardín al atardecer.

Solo amigos cercanos.

Algunas flores blancas.

Y una luz dorada que iluminaba todo el lugar.

Sebastián estaba de pie frente al altar improvisado, con el corazón latiendo como nunca antes.

Había enfrentado negociaciones millonarias sin nervios.

Había cerrado acuerdos enormes con total seguridad.

Pero ahora…

Estaba completamente nervioso.

Porque en unos segundos Alina caminaría hacia él.

Y eso era lo único que realmente le importaba.

Entonces la música comenzó.

Sebastián levantó la mirada.

Y la vio.

Alina caminaba lentamente por el jardín con un vestido sencillo pero hermoso.

Sus ojos se encontraron.

Y en ese momento Sebastián supo que todo lo que había pasado había valido la pena.

Cuando finalmente llegó frente a él, Alina sonrió.

—Hola —susurró.

Sebastián sonrió también.

—Hola.

—¿Todavía quieres casarte conmigo?

Sebastián soltó una pequeña risa.

—He querido hacerlo desde hace mucho tiempo.

La ceremonia fue simple.

Pero cada palabra tenía significado.

Cuando intercambiaron los anillos, Sebastián dijo algo que sorprendió a todos.

—Todo comenzó con un contrato.

Alina levantó una ceja divertida.

—No era exactamente el mejor comienzo.

—No —respondió él—. Pero terminó siendo lo mejor que me ha pasado.

Alina sintió que sus ojos se humedecían.

—A mí también.

Cuando finalmente se besaron como marido y mujer…

Todos aplaudieron.

Pero para ellos el mundo desapareció por un momento.

Un año después

La mansión Valverde ya no era tan silenciosa como antes.

Especialmente esa mañana.

—¡Sebastián!

La voz de Alina resonó por la casa.

Sebastián apareció en el pasillo.

—¿Qué pasa?

Alina estaba en la sala con una pequeña sonrisa misteriosa.

—Tenemos que hablar.

Sebastián frunció el ceño.

—Eso nunca suena bien.

Alina se acercó.

Y tomó su mano.

Luego colocó algo pequeño sobre su palma.

Una prueba de embarazo.

Sebastián parpadeó.

—¿Esto significa…?

Alina sonrió.

—Sí.

Durante unos segundos Sebastián se quedó completamente en silencio.

Luego la abrazó con fuerza.

—Vamos a tener un hijo.

—Sí.

Sebastián apoyó la frente en la de ella.

—Creo que este es el mejor trato que he hecho en mi vida.

Alina rió.

—Este no tiene contrato.

—Exacto.




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