Se dio la media vuelta y siguió hacia dónde le indicaron que esperara, me quedé paralizada allí pensando en que Mauricio no podía enterarse, esperaba que ese hombre no dijera nada, ¿por qué lo diría?, tenía que hablar con él.
Inés se me acercó, me tomó por el brazo con ternura.
—Tu papá quiere verte —dijo en tono bajo, le devolví la mirada sonriéndole, asentí con un gesto, y caminé hacia la oficina de mi padre con el corazón acelerado.
Abrí la puerta de su oficina después de hacer un ligero toque, se veía tenso, pero no como el día anterior; corrí a abrazarlo, se levantó de su silla y me correspondió.
—Papá, te ves mejor que ayer, ¿cómo estás?
—No te vi anoche, no cenaste con tu madre.
—Oh, me quedé hablando con Uriel toda la noche, estaba un poco abrumada, lo siento.
—Yo tuve que cenar con unos empresarios importantes. Tu madre tuvo que quedarse sola, ella también está abrumada, no la dejes sola, eres la hembra, te corresponden esas cosas.
—Sí, papá, tienes razón, lo siento, no la dejaré sola de nuevo.
Bajó la cabeza, hizo un pequeño gesto de negación, alzó la cara y me miró de forma fija, sonrió de medio lado con una mueca triste.
—Todo va a estar bien, Mauricio me aseguró que se está encargando de todo, estoy hundido, no tengo cabeza para nada, al menos los tengo a ustedes.
—Confía en él, todo va a estar bien, él sabe lo que hace.
Besó mi frente.
—Ese hombre ya está aquí, el hijo del nuevo dueño de la compañía, se llama Aristeo Mendoza, su nombre ya está afuera en la puerta colgado.
Pasé saliva, me abracé más a él.
—No importa, papá, es solo un nombre en una puerta.
—Va a ocupar esta oficina, yo no vendré más por ahora, no puedo soportarlo, Mauricio se encargará.
—Entiendo, papá —respondí y sentí un poco de alivio no quería que ese hombre estuviera cerca de mi padre después de que yo me besara con él en ese bar.
—No le des explicaciones, no tienes que cruzar palabra con él para nada, tu hermano se encargará de todo, no caigas en provocaciones, no vienen con buenas intenciones ni buenas actitudes.
—Yo me quedaré tranquila en mercadeo sin molestar.
Sonrió mientras hacía un gesto afirmativo con la cabeza.
—Lo sé, hija, pero él está comprometido con la hija de Silvano, quizás la quiera traer a trabajar acá y ella es experta en mercadeo, no quiero que caigas en provocaciones.
Sentí un frío clínico instalarse en mi estómago.
¿Cómo que estaba comprometido con Alexandra Todd?, me pregunté a punto de colapsar.
—¿Qué?
—Sí, Silvano está un poco mortificado, me asegura que no ha hecho negocios con ellos, y está de nuestro lado; ojalá pudiera hacer más por nosotros que solo apoyarnos moralmente, pero ese hombre se va a casar con su hija.
Contuve un suspiro, mi padre aún no sabía del plan de Mauricio, comenzaba a comprender por qué necesitaba que yo me casara con él, sería más justificable que nos ayudara así. Me convencí de que mi decisión había sido la mejor.
—No te preocupes, papá, todo va a estar bien, te lo prometo.
—Ahora ve, que tengo que atender a ese odioso hombre, ya tu hermano debe estar buscándolo.
Asentí, besé sus mejillas, y salí de su oficina convencida de que había tomado la mejor decisión; sin embargo, me quedó el mal cuerpo por la noticia que me dio sobre ese hombre casándose con Alexandra.
Ella era hermosa, alta de piel pálida, ojos azules, cabello negro, facciones de muñeca, con un cuerpazo, hablaba cuatro idiomas, tenía maestrías, estudiaba un doctorado, era una mujer soñada.
¿Por qué me besó?, me preguntaba, no dejaba de darme vueltas en la cabeza, sería que él no la respetaba.
Sentí vergüenza, me acaloré un poco recordando ese beso tan intenso, fue un muy buen beso, aunque no tenía como compararlo con otro, era el primero que me daba en la vida.
Me crucé de frente con Mauricio, y Aristeo, mi hermano se limitó a asentir y siguió, mientras que él se quedó mirándome de arriba abajo y sonrió de medio lado con picardía. Cerré los ojos y negué con un gesto, quería morirme, qué vergüenza sentía.
Tendría el peor concepto de mí, y si era un malintencionado como dijo papá usaría lo que pasó conmigo para herirlo, tenía que estar preparada para mentir y negar todo.
No me gustaba mentir y en un día ya lo había hecho varias veces por mi loca cabeza.
El resto del día me la pasé en la oficina fingiendo que hacía revisiones de métricas en redes sociales, lo que hacía en realidad era buscar fotos de Alexandra, en ninguna salía él, sin embargo, ella sí había dicho en uno de sus videos publicados en redes sociales que tenía un novio.
Era perfecta, hermosa de pie a cabeza, elegante e inteligente, él era muy atractivo y misterioso, supuse que sería una pareja obvia, era obvio que gente así se juntara.
Me mortificaba que, si yo me casaba con su padre, y ella con Aristeo, seríamos familia política. Esa idea hizo que sintiera náuseas.
Tenía que hablar con él y dejarle claro que lo que pasó en ese bar debía quedar en el absoluto olvido.
Las horas pasaron y, sin que me diera cuenta, ya Mauricio estaba de pie en la oficina de mercadeo.
—Está abajo —dijo con solemnidad.
Me levanté, tomé mi bolso y lo seguí. Mi jefe me vio de refilón y negó con un gesto, no estaba muy feliz con mi presencia allí y además aparecía y desaparecía en cualquier momento por ser la hija de mi padre, eso no le gustaba.
—Gonzalo no se veía feliz —dije a Mauricio.
Bufó.
—Ese es un imbécil don nadie, ignóralo.
—¿Cómo les fue con ese hombre? —pregunté sintiendo un nudo en el pecho, pasé saliva.
—Normal, es un imbécil, ya lo sabíamos, vamos a superar esto —dijo, se volteó, me pellizcó las mejillas—. Gracias a ti, hermanita.
Sonreí con los labios apretados, aún me mortificaba que ese hombre pudiera decir cualquier cosa de mí.
—Mi papá me dijo que él se va a casar con la hija de Silvano.