La esposa impostora

11

—¿Tu casa? —Marina esboza una leve sonrisa, estirando los hilos de la paciencia de Yuri con su actitud provocadora—. Esta también es la casa de mi hermana. Estoy de visita con ella.

Siento la mirada furiosa de Yuri clavada en mí. Frunce el ceño, incitándome con los ojos a que tome cartas en el asunto:

—Marina, será mejor que te marches.

—¿Qué? ¿Así de fácil echas a tu única hermana? —la chica se lleva una mano al corazón de forma teatral—. No me iré. Ahora mismo eres demasiado vulnerable para quedarte a solas con Yuri. No recuerdas nada, él podría meterte cualquier mentira en la cabeza y tú le creerías.

—Agradezco tu preocupación, pero creo que esos son mis problemas.

—A la hora del almuerzo no pensabas igual. Te ha puesto en mi contra —Marina suelta un sollozo fingido. La abuela, perdiendo los estribos, interviene:

—Yurchik, ¿qué modales son esos? No puedes echar a Marinka en plena noche. Que se haya peleado con Yuliana en el pasado no quita que ahora tengan una oportunidad perfecta para reconciliarse. No interfieras. Esta también es mi casa. Marina se queda.

Galina Stepánovna me deja de piedra con su veredicto. Lo último que deseo es ver a Marina en esta casa; sin ella me siento mucho más libre. Yuri se pasa una mano por su cabello azabache, frustrado:

—Esta víbora se ha ganado tu confianza. No le creas. Lo mejor será que Marina se vaya.

—Marina es mi invitada y se queda —sentencia la abuela con una firmeza inquebrantable. Yuri se ensombrece:

—Está bien, pero mientras ella esté aquí, no cenaré con ustedes —el hombre abandona la sala dando un fuerte portazo. La abuela me señala el sofá con la mano:

—Yulianka, es tu hermana. Siéntate a mi lado. Estoy segura de que, sea lo que sea que haya pasado entre ustedes, pueden solucionarlo.

Por mi parte, estoy convencida de que si la abuela supiera la verdadera razón de la disputa entre las hermanas, no sería tan hospitalaria. Me siento sumisamente en el sofá y escucho la conversación de las dos mujeres. Vira entra a anunciar que la cena está servida, pero declino la invitación con tacto:

—Disculpen, pero yo ya cené. Yuri y yo fuimos a un restaurante, que tengan buen provecho —me pongo en pie y me dirijo al segundo piso. Omito deliberadamente el detalle de que en realidad era una pizzería; no quiero delatarme ante Marina, quien probablemente conoce los gustos lujosos de Yuliana al dedillo.

Entro a la habitación principal. Yuri está tumbado en la cama, mirando la televisión. No sé qué hacer conmigo misma. Me quedo paralizada en el umbral, sin atreverme a dar un paso hacia el interior. El hombre finge no notar mi presencia. Tras dudar unos instantes, doy media vuelta y me encamino hacia la habitación de invitados donde suele dormir Yuri.

Llamo a mi madre para hablar con Oksanita. Mi pequeña me extraña mucho, y le ruego que tenga paciencia solo por unos días más. Siento que el corazón se me parte de la nostalgia, pero me esfuerzo por sonar alegre. Al terminar la llamada, me pongo a revisar las redes sociales de Yuliana (por desgracia, de las mías tendré que olvidarme durante todo un mes). Su perfil está inundado de fotos de sus amigas de vacaciones, presumiendo una vida llena de lujos y sonrisas de plástico.

De repente, Marina entra al cuarto:

—Vaya, ¿estás aquí? ¿Por qué no estás con el esposo con el que eres tan feliz?

Guardo apresuradamente el teléfono en el bolsillo. La chica se sienta a mi lado en la cama. Intento improvisar una respuesta creíble:

—Yuri está viendo una película, una de terror, y a mí no me gustan esas cosas. Decidí hablar con unas amigas por teléfono.

—Yuliana, lamento mucho que hayas perdido la memoria —Marina me toma de la mano—. En realidad, estos últimos dos años estuvimos en contacto. No sé qué te habrá dicho Yuri sobre mí, pero te aseguro que no te ha dicho la verdad.

—Me dijo que te le lanzaste encima e intentaste seducirlo —suelto con rabia, de un solo tirón.

—Sí, pero ese era nuestro plan —me deja de piedra con su confesión—. Tú querías divorciarte. Ideamos eso juntas para que tuvieras una razón de peso para demandarlo. Yo solo le solté una frase ambigua y Yuri se me echó encima. Ni siquiera hizo falta seducirlo, él me deseaba. ¿O acaso crees que entraste a la sala justo en el momento del beso por casualidad? Estabas observándolo todo detrás de la puerta y apareciste en el segundo exacto.

Por alguna razón, no le creo en absoluto a Marina. Evoco las palabras tan elocuentes y llenas de dolor de Yuri. No, él no sería capaz de engañar a Yuliana con su propia hermana; él la amaba de verdad. Aunque, al recordar la forma tan apasionada en que se abrazaba con Alisa cerca del restaurante, un leve rastro de duda se instala en mi pecho. Al final del día, esto no debería importarme. Es la vida de Yuliana, y mi único cometido aquí es fingir que estoy enferma, no hurgar en sus trapos sucios. Arqueo las cejas:

—¿Por qué no nos divorciamos entonces?

—Me dijiste que querías dejar a Yuri en la calle. Y todos estos años te estuviste preparando para desplumarlo y dejarlo sin un centavo.

Eso sí que suena al estilo de Yuliana. Empieza a parecerme una mujer aterradora. —¿Y cómo planeaba hacerlo?

—No lo sé, pero es obvio que ustedes no son un matrimonio feliz. Puede que ahora finja ser un esposo atento, pero no te engañes, no es así.

—Marina —le clavo la mirada—, ¿cuál es la verdadera razón por la que viniste?

—Para reconciliarnos. De verdad no quiero que estemos peleadas por culpa de un hombre.

Un ardor súbito me recorre el cuerpo. La chica acaba de meter la pata. Hace un momento aseguraba que estábamos compinchadas en el mismo plan, y ahora resulta evidente que todo lo que ha dicho es una burda mentira. Intento no demostrar que la he descubierto; que baje la guardia, que crea que me he tragado su historia. Tal vez así logre averiguar algo más. De pronto, la voz de Yuri resuena en el pasillo, golpeando mis oídos:




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