Pero eso terminará ocurriendo. Ya me imagino su profunda decepción cuando Yuliana regrese y vuelva a comportarse como de costumbre. Llegamos a la propiedad. Bajo del vehículo y me dirijo hacia la puerta: —Gracias por traerme.
Entro a la casa. Mientras Yuri cena con su abuela, aprovecho para llamar a mi madre. Oksanka me dice al teléfono que me extraña muchísimo. Se me parte el corazón de pura nostalgia. Ellas son las personas que verdaderamente me necesitan. Daría lo que fuera por regresar a su lado cuanto antes. Cuelgo la llamada y me doy cuenta de algo: me quedé con las llaves del auto de Maryna. Ella no podrá volver en él. Le marco de inmediato y escucho su voz animada al otro lado de la línea: —¡Hola!
—Me acabo de dar cuenta de que tengo las llaves de tu auto. ¿Te vas a pedir un taxi?
—No, para nada. Máximo y yo conectamos de maravilla. Me voy a quedar a pasar la noche en su casa —me suelta sin anestesia.
Por supuesto, Maryna es una mujer adulta y libre de quedarse a dormir con quien le plazca, pero me da cierto temor que sufra por dejarse llevar tan rápido por un entusiasmo pasajero. Dejo escapar un suspiro cansado: —Está bien, nos vemos mañana entonces.
—Ajá —escucho su risita juguetona antes de que cuelgue.
Me acomodo en la cama y enciendo el televisor. Hoy la casa se siente cálida. Tal como Yuri lo prometió, encendieron la calefacción, por lo que la excusa de buscar calor en los brazos del otro ha quedado anulada. Sé perfectamente que es lo mejor, pero en el fondo de mi vientre se forma un nudo de amargura. Anhelo la tibieza de su cuerpo, aunque sé que no tengo ningún derecho sobre él. El hombre entra a la recámara y se encamina directamente al cuarto de baño. Le aviso desde la cama: —Maryna se quedó a pasar la noche con Máximo.
—Ya sabes lo "mucho" que la aprecio. Ojalá se fuera a vivir con él de una buena vez.
—Pero si se acaban de conocer —intento apelar a su sentido común. Él simplemente se encoge de hombros:
—Por eso mismo tendría que mudarse ya, antes de que él termine de darse cuenta de la víbora que es en realidad.
El hombre se oculta tras la puerta del baño. La película llega a su fin y apago el televisor. Para que Yuri pueda ver por dónde camina, dejo encendida la lámpara de la mesita de noche y me acomodo para dormir. Al poco tiempo, regresa a la habitación. Viste únicamente un par de bóxers mientras camina por el cuarto. Involuntariamente, mi mirada se clava en su torso firme y esculpido; sus músculos parecen forjados en acero. Sin la menor vergüenza de su desnudez, se inclina sobre mí para apagar la luz. Desprende un fresco aroma a champú. Se tumba en la cama y su fragancia me embriaga los sentidos. Sé que debería mantenerme lo más lejos posible de semejante tentación, así que me giro bruscamente hacia él:
—Maryna no va a dormir en casa hoy, por lo que no hay ninguna necesidad de que tú duermas aquí.
—No estoy durmiendo aquí por Maryna, sino porque te deseo a ti.
Semejantes palabras me abrasan la piel como fuego. De pronto, sus labios reclaman los míos en un beso intenso, hambriento, como si Yuri tuviera miedo de que fuera a escapársele entre las manos. Sus palmas calientes se posan en mi espalda, presionándome con fuerza contra su cuerpo firme. Soy incapaz de resistirme a mis propios deseos y le devuelvo el beso. Me gira con suavidad hasta dejarme de espaldas y se posiciona sobre mí. Sus besos se vuelven más insistentes y sus caricias, abiertamente atrevidas. Sus manos se deslizan por debajo de mi ropa, subiendo lentamente por mi pierna para alzar el camisón. Tocan mi vientre y avanzan con firmeza. Me derrito ante la sutileza de su tacto y pierdo por completo el contacto con la realidad. Hacía años que no experimentaba una sensación tan placentera. Enredo mis dedos en su cabello oscuro y continúo besándolo sin pausa.
Pero cuando sus dedos rozan el contorno de mis pechos, una sacudida de lucidez cae sobre mí. ¿Qué demonios estoy haciendo? Este hombre no es mío y jamás lo será. Él solo busca saciar una necesidad física y yo simplemente resulté estar al alcance de su mano. Me siento sucia. Le sujeto la muñeca con firmeza y me obligo a apartar su mano de mi cuerpo. Interrumpo el beso y murmuro, rozando sus labios tentadores:
—Tenemos que detenernos.
—Y yo creo que deberíamos continuar. Esta es nuestra oportunidad para rehacer nuestra relación —dice, inclinándose de nuevo en busca de mi boca.
Me echo hacia atrás. Pronto me iré de aquí. Me marcharé y Yuliana ocupará el lugar que le pertenece. Yuri jamás sabrá de mi existencia. No quiero estrechar más los lazos con él. Ternovsky es un hombre casado y hay alguien más a quien le corresponde besar. Intento buscar un argumento de peso y, finalmente, saco a la luz aquello que lleva días desgarrándome la garganta:
—Tienes a Alisa —susurro, sintiendo cómo las lágrimas se agolpan en mis ojos.
—Ella no significa absolutamente nada para mí.
—Te llama "mi amor" —no consigo contener me más y las lágrimas terminan por rodar por mis mejillas.
Confío en que la penumbra de la habitación las oculte a su vista, pero mis esperanzas resultan en vano. Yuri pasa suavemente la yema de su dedo por mi pómulo, secando la humedad de mi piel:
—No siento nada por ella. Alisa simplemente apareció en mi vida cuando me enteré de la existencia de tu enésimo amante. Fue mi manera de vengarme de ti. A fin de cuentas, lleva un año siendo mi amante. Mi única amante —aclara Yuri, destrozándome el corazón un poco más. Me mira fijamente a los ojos—: Jamás te fui infiel con nadie más que con ella.
—Y ahora resulta que yo estoy aquí a tu lado. No voy a permitir que me uses únicamente para apagar tu deseo momentáneo. No pienso compartir a un hombre con nadie más. Si no voy a ser la única para ti, entonces no seré nada.
El hombre frunce el ceño y aparta con delicadeza unos mechones de cabello de mi frente:
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Editado: 01.08.2026