La esposa impostora

29

Por la noche, Yuri regresa a casa a tiempo para la cena. Nos sentamos todos a la mesa, incluso Maryna nos acompaña. Al terminar, hago todo lo posible por evitar a Yuri. Me refugio en la habitación de Maryna y pasamos el rato chismeando; sabiendo la aversión que mi "esposo" siente hacia ella, confío en que no se atreverá a buscarme aquí. La charla se prolonga hasta altas horas de la noche. Finalmente, sin muchas ganas, me dirijo hacia mi dormitorio. Solo espero que el hombre ya esté profundamente dormido o, con suerte, se haya ido a otra habitación.

Entro a la alcoba con recelo. Yuri está viendo la televisión. Paso de largo hacia el cuarto de baño y me doy una ducha rápida. Me pongo unos pantalones cortos de pijama y una camiseta de tirantes. Deseo con todas mis fuerzas que esta noche el hombre no intente seducirme; no estoy nada segura de ser capaz de resistirme a sus encantos y no ceder ante la tentación. Si soy honesta conmigo misma, lo extrañé todo el día.

Entro de puntillas al dormitorio. El televisor está apagado y, a primera vista, parece estar dormido. Me acomodo en la cama y apago la lámpara de la mesilla. Pasan apenas unos segundos antes de que Yuri se deslice por el colchón y me pegue a su cuerpo. Se inclina y me susurra al oído:

—Te extrañé. ¿Me estás evitando? —su pregunta da directamente en el blanco, pero me mantengo firme en mi negativa:

—No, ¿de dónde sacas semejante disparate?

—Antes nunca noté que tuvieras una amistad tan estrecha con Maryna.

—Es solo que empezó a salir con un chico y tenía ganas de contarme todo —es una verdad a medias, pero él no necesita saber los detalles.

Siento el roce de sus labios contra los míos. Me besa con extrema cautela: lento, suave, como si estuviera saboreándome y explorándome. Su toque desata una llamarada de fuego bajo mi piel. Incapaz de contenerme, le devuelvo el beso. Lo prohibido siempre ejerce una atracción magnética. Me siento como si caminara sobre el filo de una navaja; sé que, al final, la que terminará lastimada seré yo. Me obligo a apartarme y expulso unas palabras que me duelen en el alma:

—No deberías besarme. Creí que anoche habíamos dejado las cosas claras.

—Lo hicimos, y saqué mis propias conclusiones. Hoy hablé con Alisa y le puse punto final a lo nuestro. No volveremos a vernos.

Al escuchar aquello, mi corazón empieza a aletear en mi pecho como un pájaro eufórico. ¡Renunció a ella por mí! Escruto su rostro con detenimiento en la penumbra, pero no hay el menor rastro de burla o engaño. De inmediato, el recuerdo de mi propia experiencia irrumpe en mi mente y emponzoña mi alegría. Me siento en la cama y me apoyo contra el respaldo. Yuri imita mi movimiento.

—¿Y cómo se lo tomó?

—No lograba entender el motivo de mi decisión. Le expliqué que soy un hombre casado y que mi relación con mi esposa estaba empezando a mejorar.

—¿La despediste de la empresa?

El hombre guarda silencio. Comprendo todo sin necesidad de palabras. No la despidió. De hecho, empiezo a dudar seriamente de que esa supuesta charla haya existido. Yuri me toma de la mano:

—Te prometí que no volvería a serte infiel y pienso cumplir mi palabra.

—No, las cosas no funcionan así —retiro mi mano de su agarre—. Si de verdad quieres iniciar una nueva etapa conmigo, primero tienes que cerrar completamente la anterior. Se seguirán viendo todos los días, ella se pondrá faldas cortas y buscará provocarte sin pudor. Y al final, el día que tengamos una pelea, Alisa aprovechará la oportunidad y volverá a seducirte. Pero eso no es lo peor. Si volvemos a empezar, la sola idea de saber que ella está cerca de ti, trabajando codo a codo contigo, me devorará viva. Para iniciar algo serio conmigo, tienes que cortar de raíz cualquier vínculo con ella. No verla, no tener contacto y no hablarle.

—No tenía idea de que fueras tan celosa.

—Simplemente me importa con quién estás y qué haces —confieso con amargura, antes de rectificar—: Aunque, ¿sabes qué? Olvídalo. Que todo siga como está. No estoy segura de que lo nuestro vaya a funcionar y sería una verdadera lástima que renunciaras a Alisa por nada. Tal vez a su lado seas realmente feliz.

A duras penas consigo contener las lágrimas. No tengo ningún derecho a exigirle semejante cosa, considerando que desapareceré en un par de días. Yuliana volverá a ocupar su lugar y todo volverá a ser como antes. Siento que crucé un límite peligroso; me metí demasiado en el papel de su esposa y me olvidé por completo de mi verdadero propósito aquí. Fue un acto sumamente egoísta de mi parte. De cualquier forma, nunca podremos estar juntos. Hago el ademán de levantarme, pero el hombre me atrapa de la muñeca y no me suelta:

—No seré feliz a su lado. Nunca lo fui. Todo se resumía a una simple cuestión fisiológica. Llevamos más de dos años sin dormir juntos; hasta un hombre de hierro habría flaqueado. Para estar contigo, estoy dispuesto a arriesgarlo todo. Quiero salvar mi familia.

—¿Qué pasará si un día recupero la memoria por completo y vuelvo a ser la misma de antes? —pregunto, preparando el terreno para lo inevitable. Él suelta un suspiro agobiado:

—Solo espero que seas capaz de perdonarme. A fin de cuentas, cuando recuerdes todas tus acciones del pasado, te darás cuenta de que he sido increíblemente paciente contigo.

—¿No vas a contarme qué fue lo que pasó exactamente entre nosotros? —la curiosidad me corroe por dentro. Necesito saber qué fue aquello tan terrible que hizo este hombre. Yuri niega con la cabeza:

—No. Quiero enterrar eso en el pasado. Tú misma lo dijiste: no podemos cambiar lo que ya pasó, solo nuestro futuro. Y ahora que has cambiado, solo veo mi futuro a tu lado.

Aprieto los labios en una fina línea. Sin quererlo, acabo de reconciliar a Yuri y Yuliana. Vaya sorpresa se va a llevar ella cuando regrese. Y, probablemente, enfurezca. Dudo mucho de la sinceridad del hombre que tengo al lado. Vuelvo a acomodarme bajo las sábanas y dicto mi veredicto final:




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