Valentina pasó toda la tarde caminando de un lado a otro de su habitación.
El contrato estaba sobre la cama.
Lo había leído tantas veces que prácticamente podía repetir cada cláusula de memoria.
Un año.
Solo un año.
Después podría recuperar su libertad.
Eso era lo que intentaba repetirse.
Pero había una pregunta que no dejaba de perseguirla.
¿Por qué ella?
Dante Moretti podía conseguir cualquier mujer.
¿Por qué necesitaba casarse precisamente con ella?
Su teléfono vibró.
Era su padre.
—¿Dónde estás?
—En casa.
—Tenemos que hablar.
Valentina cerró los ojos.
—Ya sé lo de la deuda.
Hubo silencio.
—No sabes toda la verdad.
Aquellas palabras la hicieron incorporarse.
—Entonces cuéntamela.
—No puedo.
—¡Papá!
—Valentina, tienes que confiar en mí.
—¿Confiar en ti? ¡Un hombre apareció ayer diciendo que le debes tres millones de dólares y ahora quiere casarse conmigo!
Su padre respiró profundamente.
—Dante puede protegerte.
—Eso no responde mi pregunta.
—Es la única opción que tenemos.
Valentina apretó el teléfono.
—¿Qué estás ocultándome?
Otra pausa.
—Nada que necesites saber.
La llamada terminó.
Valentina se quedó mirando la pantalla.
Por primera vez en su vida sintió que su padre era un extraño.
A las ocho de la noche, alguien llamó a la puerta.
No era su padre.
Era Dante.
Vestía un traje oscuro y llevaba las manos en los bolsillos.
—¿Vienes a recoger tu respuesta?
—Vengo a darte una última oportunidad para decirme la verdad.
Dante la observó.
—No puedo.
—Entonces mi respuesta es no.
Él asintió lentamente.
—Entiendo.
Valentina esperaba una amenaza.
No llegó.
Dante simplemente se dio la vuelta.
—Buenas noches, Valentina.
Ella cerró la puerta.
Pero apenas unos segundos después escuchó un automóvil arrancar.
Se acercó a la ventana.
Dante se marchaba.
Y entonces vio otro automóvil estacionado al otro lado de la calle.
Un hombre dentro la estaba observando.
Valentina retrocedió.
Su corazón comenzó a acelerarse.
El automóvil arrancó inmediatamente.
Minutos después, recibió un mensaje.
Número desconocido: Deberías haber aceptado el contrato.
Valentina sintió un escalofrío.
Miró hacia la calle.
El automóvil negro de Dante todavía podía verse a lo lejos.
Entonces comprendió algo.
Quizá Dante no había estado exagerando.
Quizá realmente estaba en peligro.
Tomó el teléfono y escribió una sola frase.
Valentina: Acepto.
La respuesta llegó inmediatamente.
Dante: Lo sé. Estoy frente a tu casa.
Valentina abrió los ojos.
Corrió hacia la ventana.
El automóvil de Dante estaba nuevamente allí.
Y por primera vez, ella se preguntó si aquel hombre realmente había venido a destruir su vida...
o a salvarla.