Valentina no podía dormir.
Las palabras de Dante se repetían en su cabeza.
Alguien lleva mucho tiempo buscándote.
¿Quién?
¿Por qué?
Y, sobre todo...
¿qué sabía Dante que ella ignoraba?
A las dos de la madrugada salió de su habitación.
La mansión estaba completamente silenciosa.
Caminó por el pasillo buscando la cocina.
Pero se detuvo al escuchar voces.
Venían del despacho de Dante.
La puerta estaba entreabierta.
—No puede casarse con ella.
Valentina reconoció la voz de un hombre.
—Ya está decidido —respondió Dante.
—Dante, ella no sabe nada.
—Precisamente por eso.
Valentina se acercó un poco más.
—Si descubre quién es antes de tiempo, todo se acabará.
—No voy a permitir que le hagan daño.
—¿Y si ella descubre lo que hiciste?
Silencio.
Valentina sintió curiosidad.
Pero antes de poder escuchar más, el suelo crujió.
Las voces se detuvieron.
Valentina corrió hacia su habitación.
Cerró la puerta y apoyó la espalda contra ella.
Unos segundos después escuchó pasos.
Alguien pasó frente a su habitación.
No se detuvo.
Valentina esperó.
Cuando todo quedó en silencio, volvió a salir.
El despacho estaba vacío.
Entró.
No sabía exactamente qué buscaba.
Quizá una respuesta.
Encontró una caja sobre el escritorio.
La abrió.
Había documentos.
Fotografías.
Recortes de periódicos.
Y entonces vio una imagen.
Una mujer joven.
Cabello oscuro.
Ojos idénticos a los suyos.
Valentina tomó la fotografía con manos temblorosas.
Le dio la vuelta.
Había una fecha.
1999.
Y un nombre.
Isabella De Luca.
Valentina frunció el ceño.
No conocía a ninguna Isabella.
Debajo había una fotografía de una bebé.
La bebé llevaba un pequeño brazalete.
Valentina miró su propia muñeca.
Desde que tenía memoria llevaba exactamente el mismo brazalete.
Su respiración se detuvo.
—No...
Una voz sonó detrás de ella.
—¿Qué estás haciendo?
Valentina se giró.
Dante estaba en la puerta.
Su rostro había perdido toda expresión.
Ella levantó la fotografía.
—¿Quién es ella?
Dante no respondió.
—¿Quién es esta mujer?
Silencio.
Valentina señaló la fotografía de la bebé.
—¿Quién es esta niña?
Dante caminó lentamente hacia ella.
—Valentina...
—¡No me llames así!
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Quiero la verdad.
Dante miró la fotografía.
Después la miró a ella.
Y durante unos segundos pareció debatirse entre decirlo todo o guardar silencio.
Finalmente habló.
—Esa mujer es Isabella De Luca.
—¿Y la niña?
Dante no respondió.
Valentina dio un paso atrás.
—¿Soy yo?
El silencio fue suficiente.
Valentina sintió que el mundo desaparecía bajo sus pies.
—No...
Dante intentó acercarse.
—No me toques.
Él se detuvo.
Valentina volvió a mirar la fotografía.
—Mi padre dijo que mi madre murió cuando yo era bebé.
Dante cerró los ojos.
—Tu padre te mintió.
Una lágrima recorrió la mejilla de Valentina.
—Entonces...
Levantó la mirada.
—¿Quién soy?
Dante la observó.
Y por primera vez desde que se conocieron, el hombre que nunca parecía tener miedo...
pareció aterrorizado.
—Eres Valentina De Luca.
Ella negó lentamente con la cabeza.
—No conozco ese apellido.
—Porque tu familia murió hace veintitrés años.
Valentina sintió que apenas podía respirar.
—¿Toda mi familia?
Dante asintió.
—Todos.
Ella lo miró fijamente.
—Entonces ¿cómo sobreviví?
Dante guardó silencio.
Y esa vez, Valentina entendió que la verdad que acababa de descubrir...
era apenas el principio.