La Estrategia Es El Caos

CAPITULO 2 .- EL ASCENSO DE UN BECARIO Y UNA DISCRETA SECRETARIA

La efectividad de Lisbeth no se medía en el balance anual, sino en la mutación de los que la rodeaban. Había convertido el ecosistema de South Company en un manicomio de alta rentabilidad.

El primero en la lista de conversiones era Adrian Albán. El primo que antes se mimetizaba con el mobiliario ahora dirigía South Innovations, la división de "ideas demasiado peligrosas para el mercado".

—El dron de café se incendió, sí. Un error en los micropropulsores —dijo Adrian por videollamada. Se ajustaba una corbata italiana con una confianza que sus pies aún no comprendían; seguía tropezando con las alfombras, como un modelo de Armani con vértigo—. Pero el software es sólido. Mis ataques de pánico han bajado a uno por trimestre. Es un éxito, primo.

—Es supervivencia, Adrian —respondió Alejandro, observando cómo su primo ahora aplicaba la "Doctrina Lisbeth": si no puedes arreglar el problema, patenta el fallo y véndeselo a la competencia como una característica.

Alejandro colgó. El virus de su esposa se había extendido a toda la familia. Amelia ahora financiaba "Educación Emocional con Memes" y Astrid entrenaba ejecutivos bajo el lema: “Si tu CEO es un burro, enséñale a galopar”. Lisbeth no les había dado carreras; les había dado armas.

Pero todo sistema requiere un residuo. En este caso, el residuo se llamaba Grace.

Grace, la antigua secretaria de la secretaria, habitaba ahora una oficina ganada por una extraña mezcla de piedad y estrategia. Su cargo oficial era Analista de Inteligencia Interna, una etiqueta elegante para lo que Lisbeth llamaba "el vertedero de rumores". Pero Grace se había tomado el orden en serio. Demasiado en serio.

Frente a su monitor, Grace tecleaba con una precisión quirúrgica, enviando su reporte semanal a Santiago de la Vega, de Phoenix Capital.

"La jefa de Estrategia sigue operando fuera de todo protocolo de seguridad. El escritorio es un riesgo de incendio; los gastos de cafetería están camuflados como 'investigación subliminal'. La trazabilidad es inexistente. Necesitamos una intervención externa antes de que el huracán Manrique arrase con los activos tangibles".

Grace envió el correo sin pestañear. Para ella, no era una traición; era una restauración. No entendía que en el mundo de Lisbeth, el orden es la primera señal de estancamiento.

En la oficina principal, Lisbeth trazaba círculos en el mapa de Asia, ignorando el café que se enfriaba sobre un informe de riesgos.

—¿Y Grace? —preguntó Alejandro—. ¿Sigue siendo útil?

Lisbeth ni siquiera levantó la vista del organigrama donde el nombre de Grace estaba marcado con un trazo rojo sangre.

—Grace es perfecta. Es la única persona en este edificio que todavía cree que las reglas existen. Por eso es el contacto ideal para Santiago de la Vega.

—¿La estás usando de doble agente sin que ella lo sepa?

—La estoy usando como espejo, Alejandro. Ella le dirá a Phoenix Capital exactamente lo que ellos quieren oír: que soy un riesgo. Y cuando vengan a por mí buscando el desorden, tropezarán con la trampa más vieja del mundo: el exceso de confianza en los datos.

Lisbeth sonrió. No era una sonrisa de esposa, era la de un general que acaba de ver al enemigo cruzar el puente que ella misma dinamitó.

—Grace cree que está pavimentando su camino al poder —continuó Lisbeth—. En realidad, solo está sacando la basura por nosotros.

Alejandro guardó silencio. A veces olvidaba que estar casado con la mujer que salvó a su familia significaba también dormir con la persona que mejor sabía cómo destruirla




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.