Grace regresó del Archivo Muerto con un porte más rígido que nunca. El polvo había sido cepillado minuciosamente de su traje, pero la duda se le había adherido al alma. El cheque sin cobrar y la foto de Alejandro pesaban en su bolsillo más que cualquier balance de situación. Había decidido adoptar una postura de "Observación Neutral": no se entregaría a nadie hasta que una de las facciones demostrara su valor real.
Encontró a Santiago de la Vega en su oficina temporal, un espacio tan esterilizado que el aire parecía filtrado por un comité.
—Señorita Grace. Espero que haya completado su misión sin sucumbir al desorden de ese... santuario del olvido —dijo Santiago, sin apartar la vista de su tablet.
Grace se irguió, activando su modo de protocolo automático. —Señor, el expediente RECLASIFICACIÓN CÓDIGO 731-B ha sido recuperado. La clave final es, como se anticipó, un sistema de descodificación táctica.
Le entregó la carpeta. Santiago la abrió, encontró el dibujo del unicornio y la frase sobre la fe. Su ceño se frunció con tal violencia que su rostro pareció a punto de agrietarse.
—¿Fe? ¿Un unicornio de cristal? Esto es una burla a la metodología de Phoenix Capital —sentenció—. Sin embargo, tengo la clave. Buen trabajo, señorita Grace.
—Gracias, señor.
—En cuanto a su futuro —continuó Santiago, recuperando su tono glacial—, su reasignación al Archivo será definitiva. Su obsesión por el detalle es excelente para catalogar, pero su necesidad de información interna es un riesgo emocional. El sótano es el lugar más seguro para los riesgos. Necesito analistas que vean números, no personas.
El corazón de Grace sintió un pinchazo agudo. Santiago la estaba desechando; él valoraba el papel, no a quien lo organizaba. La foto de Alejandro sonriendo parecía, de pronto, mucho más real que la lógica de Santiago.
—Entendido, señor. Organizaré el subsuelo bajo la Norma ISO 15489 de Gestión Documental.
—Excelente. Mientras tanto, pasaré a la purga de los Activos No Esenciales. Demostraremos que South Company gasta dinero en caprichos.
Santiago señaló una línea en su pantalla: “Ítem 43B: Escultura de Unicornio de Cristal. Valor: $250,000 USD. Utilidad: 0”. —Solicitaré la venta inmediata. Es la forma más rápida de generar ahorros tangibles.
Justo cuando Santiago se disponía a ejecutar la orden, Lisbeth entró en la oficina con una caja de donas y una sonrisa de sospechosa amabilidad. —Santiago, el protocolo es bueno, pero el azúcar es mejor. ¿Ya marginaste a Grace? ¡Qué eficiencia!
—No es marginación, señorita Manrique-Albán. Es reoptimización de activos humanos. Y mi próxima víctima es ese unicornio ridículo.
—Ah, el unicornio. Es una pieza de arte, Santiago. Tiene alma —provocó Lisbeth.
—Es una frivolidad sin valor contable. Su venta es una decisión de Alineación Estratégica.
—No, Santiago. Es una decisión de cataclismo —Lisbeth se volvió hacia Grace—. Grace, como ahora eres la Jefa de la Paz en el Archivo, necesito que realices una tarea de "inteligencia emocional". Cuando se anuncie la venta, observa la reacción del señor Peterson de I+D, la señora Ruiz de Ventas y el becario del café. Su respuesta es un Indicador Clave de Desempeño No Cuantificable. ¿Puedes?
Grace, comprendiendo que Lisbeth le estaba dando una misión real frente a la jubilación anticipada de Santiago, asintió. —Haré una observación estructurada de los indicadores emocionales, doctora Manrique-Albán.
—Perfecto. Y Grace —susurró Lisbeth mientras Santiago tecleaba la sentencia de muerte del unicornio—, no me reportes por qué están molestos. Repórtame cuánto. Si ves que la Matriz de Estabilidad de Peterson se desmorona, avísame. Rápido.
Lisbeth se retiró. Grace permaneció allí, observando a Santiago, quien estaba tan concentrado en su Excel que no notó la red que se tejía a su alrededor. Grace tenía ahora dos jefes, dos planes y un bolsillo lleno de secretos. Su lealtad ya no pertenecía al orden puro, sino a la estrategia de supervivencia más inteligente.
El unicornio, un simple adorno de cristal, estaba a punto de convertirse en el detonante de una guerra. Y Grace, la doble agente del sótano, sería la única testigo de cómo la lógica fría de Santiago provocaba un incendio que ningún manual de Phoenix Capital sabía apagar