La Estrategia Es El Caos

CAPITULO 12.- EL TIRANOSAURIO DE LA ETIQUETA

La noticia de que Santiago de la Vega estaba "restaurando el orden" llegó a Génesis de Márquez con la suavidad de un dividendo inesperado. Génesis, madre de Alejandro y matriarca de facto del viejo corporativo, era la personificación de la disciplina, el tweed y la crítica constructiva que te deja cicatrices. Para ella, el protocolo no era una herramienta; era una religión.

Génesis había invitado a Santiago a un almuerzo formal en su club privado, un lugar donde el ruido no solo era mal visto, sino probablemente ilegal. Lisbeth la llamaba el "T-Rex de la Etiqueta".

—Me complace que alguien tan meticuloso esté higienizando el desorden de la administración reciente —dijo Génesis, bebiendo su consomé con la precisión de un cirujano suizo. No nombró a Lisbeth; el protocolo no permitía mencionar plagas en la mesa.

Santiago, que apreciaba los cubiertos de plata y el silencio sepulcral, se sintió en casa. —El desorden, señora de Márquez, es un factor de riesgo. La trazabilidad de los activos no esenciales era nula. La venta del unicornio fue un paso profiláctico necesario.

—Necesario, sí. Ese unicornio era una frivolidad juvenil —coincidió Génesis—. Pero, dígame, ¿qué hay de los gastos en "Mnemotecnia de Dinosaurios"? ¿O la fundación de Amelia? Temo que mi sobrino ha perdido la firmeza desde que su esposa se convirtió en su analista de cabecera.

—El área de la doctora Manrique-Albán es... inusual —admitió Santiago—. Pero sus resultados financieros son innegables. Y la fundación, aunque costosa, parece ser un amortiguador del Factor de Riesgo Emocional de la familia. Es una variable difícil de descartar sin una justificación técnica.

Génesis sonrió. Una sonrisa perfectamente contenida, pero con el filo de una guillotina. —Ah, el Factor Emocional. Es fascinante cómo se ha vuelto la excusa para todo. Usted, Santiago, es demasiado lógico para entenderlo. Pero yo sí.

Génesis bajó la voz, volviéndose peligrosamente conspiradora. —La verdadera crisis no está en el Excel. Está en el Protocolo de Sucesión, Alejandro no tiene un heredero de línea directa. Solo tiene a esa... mujer, a Amelia, que juega a los pufs, y a Adrian, que usa corbatas que gritan inseguridad.

Santiago miró a Génesis con fascinación. Ella no hablaba de finanzas; hablaba de dinastía.

—El Protocolo de Sucesión es un documento interno. No está sujeto a mi auditoría actual —indicó él.

—Aún no. Pero si el caos de Lisbeth sigue presentándose como la única forma de éxito, la Junta comenzará a dudar de si el orden tiene futuro. Si Alejandro no puede controlar a su propia esposa, ¿cómo controlará el mercado? Usted es la respuesta, Santiago. Usted encarna el orden que el futuro de esta empresa reclama.

Génesis deslizó un pequeño sobre blanco sobre el mantel de lino. Contenía un informe que Lisbeth nunca habría permitido que viera la luz. —Este es el Informe de Contingencia de Sucesión. Demuestra que hay una necesidad latente de un plan de respaldo. Léalo. Le dará la trazabilidad necesaria para enfocar su auditoría en las debilidades reales de Lisbeth: su falta de linaje y su desprecio por la historia de esta casa.

Santiago tomó el sobre con una solemnidad casi religiosa. Un Protocolo Secreto. El orden oculto tras el velo.

—Mi auditoría se centrará en el Riesgo Estructural de la Dirección, señora de Márquez. Lo garantizo.

Génesis asintió, satisfecha. —Excelente. Porque en el Protocolo, Santiago, no hay lugar para las emociones. Solo para la eficiencia del linaje.

Mientras Santiago se retiraba, Génesis permitió que su sonrisa se ensanchara un milímetro. Lisbeth había salvado la empresa, pero el Protocolo de Sucesión era el bisturí perfecto para extirparla sin tocar el balance final. Santiago, el purista, acababa de convertirse en el arma definitiva.




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