La Estrategia Es El Caos

CAPITULO 14.- EL MANUAL DE LO IMPOSIBLE

El lunes comenzó con el despliegue del Manual de Operaciones Lisbeth (MOL). Un documento de cuatrocientas páginas que Santiago había redactado con la ayuda de Grace (quien ahora le entregaba información con una doble intención oculta).

El manual dictaba cosas como:

  1. Prohibido el uso de metáforas gastronómicas en reuniones de nivel C.
  2. Toda decisión estratégica debe ser precedida por un análisis de varianza de 48 horas.
  3. El uso de dinosaurios de juguete como representaciones de mercado queda estrictamente prohibido.

Santiago caminaba por los pasillos con un cronómetro. Lisbeth, por su parte, vestía un traje sastre tan rígido que parecía que le costaba respirar. Su oficina estaba, por primera vez, vacía de Post-its.

—Doctora Manrique-Albán, son las 10:15 —dijo Santiago entrando en su despacho—. Según el MOL, debería estar redactando el informe de riesgos de la división de Asia.

—Cumpliendo el protocolo, Santiago —respondió Lisbeth con una voz monótona que asustaría a un monje—. He llenado el formulario 43-B. Pero hay un problema.

—¿Qué problema? El formulario es perfecto.

—Es tan perfecto que no contempla que el mercado asiático cambió hace cinco minutos. Según tu manual, debo esperar 48 horas para reaccionar a la caída del yen. Así que... estamos perdiendo aproximadamente tres millones de dólares por cada hora de "orden" que me obligas a seguir.

Santiago se tensó. —El protocolo protege de la volatilidad. El ahorro a largo plazo compensará la pérdida inmediata.

En ese momento, Grace entró corriendo. Ya no era la secretaria sumisa; tenía un brillo de travesura en los ojos. —¡Señor De la Vega! ¡Crisis en Finanzas! El señor Peterson de I+D se ha encerrado en su laboratorio porque dice que, sin el unicornio de cristal, la luz no se refracta con la "frecuencia de la innovación". ¡Ha detenido el prototipo del nuevo procesador!

—¡Dígale que es un activo irrelevante! —gritó Santiago.

—No puede —intervino Lisbeth, levantando un dedo según el punto 4.2 del manual—. El manual dice que cualquier conflicto con jefes de departamento debe ser mediado por el Comité de Ética, el cual... oh, vaya, no se reúne hasta el jueves.

Santiago miró el cronómetro. Miró a Lisbeth, que permanecía inmóvil, siguiendo sus reglas hasta el absurdo. El orden estaba empezando a asfixiar a la empresa más rápido que cualquier caos de Lisbeth.

—¿Va a romper el protocolo, Santiago? —preguntó ella con una dulzura letal—. ¿O va a dejar que la empresa se queme en nombre de la eficiencia?

Santiago de la Vega sintió, por primera vez, que el papel del manual quemaba en sus manos. El caos de Lisbeth no era falta de orden; era una velocidad que su lógica no podía alcanzar.




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