La Estrategia Es El Caos

CAPITULO 15.- LA JUNTA DE LOS ESPEJISMOS

El salón de conferencias del piso 20 estaba cargado de una tensión que ni el aire acondicionado más avanzado podía disipar. Los miembros de la Junta Directiva, un grupo de hombres y mujeres que sumaban siglos de conservadurismo financiero, observaban la mesa. En un extremo, Santiago de la Vega, con su informe encuadernado en cuero y su mirada de acero. En el otro, Alejandro y Lisbeth; él, tratando de parecer un CEO en control; ella, con una libreta de dibujos y una calma que resultaba insultante.

Génesis de Márquez presidía la sesión desde la cabecera, como una reina viuda esperando la ejecución del bufón.

—Señores de la Junta —comenzó Santiago, poniéndose de pie—. Tras una semana de aplicación del Manual de Operaciones Lisbeth (MOL), los resultados son... esclarecedores.

Santiago proyectó una gráfica en la pantalla gigante. La línea de eficiencia operativa era una caída libre digna de una montaña rusa.

—La Dra. Manrique-Albán ha seguido el protocolo al pie de la letra. Y al hacerlo, ha demostrado que South Company es incapaz de funcionar bajo una estructura lógica. Hemos perdido un 12% de valor de mercado en seis días porque cada decisión estratégica quedó bloqueada por la burocracia que yo mismo diseñé para protegerlos.

Un murmullo de horror recorrió la sala. Génesis sonrió. Santiago estaba cavando la tumba de Lisbeth.

—Por lo tanto —continuó Santiago—, mi recomendación final es la Intervención Total. South Company debe ser gestionada por un administrador externo de Phoenix Capital. La Dra. Manrique-Albán debe ser removida por incapacidad de operar bajo normas estándar, y el señor Alejandro Manrique debe ser relegado a una presidencia honoraria sin voto.

Alejandro apretó los puños, pero Lisbeth le puso una mano en el brazo. Ella se levantó con una lentitud teatral.

—Santiago, tu informe es impecable —dijo Lisbeth, caminando hacia la pantalla—. Es una obra maestra de la lógica. Solo tiene un pequeño error de trazabilidad.

Lisbeth sacó un control remoto y cambió la diapositiva. Apareció una foto de la caja de suministros de la máquina de café del piso 4.

—Señores, mientras Santiago me obligaba a llenar formularios de cuarenta páginas para comprar clips, yo activé el Protocolo de Resiliencia Invisible. Grace, ¿podrías entrar?

Grace entró en la sala. No traía café. Traía una carpeta roja, la misma que Santiago creía haber auditado en el sótano.

—Durante esta semana —explicó Grace con una voz que ya no temblaba—, seguimos el manual de Santiago para los ojos de Phoenix Capital. Pero bajo la mesa, usamos los "mensajes ocultos" en las facturas de la cafetería para cerrar el trato con los inversores de Dubái.

—¡Eso es una violación de todos los códigos de auditoría! —rugió Santiago.

—Es supervivencia, Santiago —replicó Lisbeth—. Mientras tú celebrabas que yo no usaba dinosaurios en las reuniones, yo usaba el "menú tailandés" que tu topo rescató del sótano para enviar coordenadas de compra a nuestros agentes en Asia. Ese menú que creíste descifrar como lavado de activos... era en realidad una cortina de humo para que tú no interfirieras con la verdadera estrategia.

Lisbeth se acercó a Santiago y le entregó un pequeño unicornio de plástico, de esos que vienen en las cajas de cereales.

—Vendiste nuestro unicornio de 250,000 dólares para ahorrar dinero. Con el trato de Dubái que cerramos mientras tú auditabas el heno en el rancho de Astrid, hemos ganado lo suficiente para comprar mil unicornios de cristal. Tu orden nos habría matado; mi caos nos ha hecho intocables.

Génesis de Márquez se puso de pie, su rostro era una máscara de furia contenida. —¡Esto es inadmisible! ¡Es una falta de respeto al Protocolo de Sucesión!

—¡Madre¡ —dijo Alejandro, interviniendo por primera vez con una voz que hizo vibrar los cristales—, el Protocolo de Sucesión dice que el líder es quien protege el patrimonio. Lisbeth lo ha hecho. Santiago ha intentado asfixiarnos con papel.

La Junta Directiva miró a Santiago. El purista estaba pálido. Su manual, su lógica y su traje de tres piezas parecían de pronto disfraces en una fiesta a la que no había sido invitado.




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