La Estrategia Es El Caos

CAPITULO 20.- EL EXPERIMENTO DE LA HOJA EN BLANCO

La presencia de Julián en el edificio era como un virus de libertad. No usaba identificación, se sentaba en el suelo a conversar con los ingenieros y había convencido a la cafetería de servir "café existencial" (café negro sin azúcar con una nota sobre la brevedad de la vida).

—Lisbeth, necesito que vengas conmigo esta tarde —dijo Julián, apoyado en el marco de la oficina de los CEOS—. He montado un laboratorio pop-up en un almacén abandonado. Es un proyecto de bio-resonancia. Nada de KPIs, nada de informes para la Junta. Solo ciencia pura y sucia.

Lisbeth miró a Alejandro. Él estaba sumergido en una montaña de contratos legales que Santiago había dejado pendientes.

—El contrato con la proveedora de litio vence hoy, Lisbeth —dijo Alejandro, sin levantar la vista, aunque su mandíbula estaba tan tensa que podría haber triturado mármol—. Necesito que valides la cláusula de contingencia.

—Alejandro, es solo una tarde —respondió Lisbeth, sintiendo una extraña picazón por el desorden creativo que Julián le ofrecía—. Grace puede revisar la cláusula. Ella ya habla nuestro idioma.

—Grace es una asistente de trazabilidad, no mi esposa ni mi socia —replicó Alejandro, finalmente mirándola. Sus ojos reflejaban una inseguridad que nunca antes había mostrado—. Pero ve. Haz tu "experimento".

Lisbeth salió con Julián. Por primera vez en años, no llevaba su tableta. En el almacén, Julián no tenía ordenadores de última generación, sino placas de Petri, cables de cobre y una libreta de bocetos.

—Mírate, Tormenta —dijo Julián, mientras conectaba un electrodo a una planta—. Estás pensando en la cláusula de litio. Tu cerebro está particionado por la administración. ¿Dónde quedó la mujer que quería descifrar el lenguaje de las células solo por el placer de saber que hablaban?

Pasaron las horas. Lisbeth se ensució las manos con grafito y soluciones químicas. Se rió hasta que le dolió el estómago. Julián no la auditaba; la celebraba. Mientras tanto, en el edificio corporativo, Alejandro intentaba cerrar el contrato de litio, pero se dio cuenta de que, sin los "acertijos" de Lisbeth, su propia lógica se sentía incompleta, fría y, sobre todo, solitaria.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.