Capítulo 2
Amber
—¡Mamá!
Salto del susto ante el grito de Cole, que ahora baja la escaleras a la carrera. Estaba tan metida en lo que estoy haciendo que no escuché sus pasos fuertes en el piso superior.
—Cole, no hace falta gritar —lo riño cuando entra corriendo a la cocina.
—¡Mira! —Me muestra la pantalla de su tablet de juegos—. Gané en free fire.
Está obsesionado con ese juego de video, lo que explica por qué lo está jugando ahora cuando debería de estar preparándose para ir a la escuela.
—Te dije que no puedes jugar eso fuera de las horas. —Le quito el aparato de la mano y lo pongo sobre la nevera—. Siéntate, vamos a desayunar.
—Mamá —refunfuña, pero hace lo que le digo.
Le pongo las tostadas en frente una vez está sentado –o más bien arrodillado en la silla– y tomo asiento frente a él.
—¿Recogiste tus cosas para quedarte con la abuela hoy?
Asiente, mordiendo la tostada, y hago una nota mental para revisar su mochila cuando acabemos de comer.
—¿Por qué no puedo ir con ustedes?
Hemos tenido esta discusión hasta el cansancio en los últimos días. Él quiere ir a la fiesta que han preparado para Sawyer por la celebración de su premio, pero el código dice que no se pueden llevar niños, así que él no puede ir. De ser por Sawyer, lo llevaría con él en vez de llevarme a mí, esos dos están muy unidos, y me alegra que tenga una figura masculina de la que puede tomar ejemplo, y mejor aún cuando es de alguien tan bueno como Sawyer. Dios sabe que de su padre no puede hacerlo, y es mejor así, porque tampoco es que sea el mejor modelo a seguir.
He estado pendiente de la vida de Aster desde que saltó a la fama. Fue una sorpresa para mí ver en lo que se había convertido luego de dejar este pueblo sin decir una palabra a nadie. No tenía idea de que eso era lo que él quería hacer con su vida, pero supongo que nunca lo conocí realmente.
Es una suerte que nadie en este pueblo se haya atrevido a hablar con la prensa sobre la paternidad de Aster. Es un secreto a voces. Nunca le dije a nadie de quién es mi hijo, pero todos lo asumieron, aunque nadie se atreva a hablar de ello. Creo que todos están enojados por mí con él y prefieren hacer como que nunca pasó.
Me gusta que sean tan leales y mi más grande deseo es que se mantengan así.
—Porque es una fiesta para adultos, cariño, ya te lo dije. No pueden ir niños.
Pone mala cara y continúa comiendo.
—Yo quería ir con Sawyer —farfulla, enojado.
—Lo sé, pero no se puede.
—¿Podemos hacer algo luego? Una fiesta de nosotros en la que yo pueda estar.
Le doy una sonrisa y asiento.
—Podemos hacer eso —concedo—. ¿Qué tal si es sorpresa para Sawyer?
Cole se anima rápidamente.
—¡Sí! Y le diremos a la abuela que prepare esa comida que a él le gusta tanto.
—Será genial.
Él asiente con vehemencia.
Se encuentra con un trocito de cebolla y hace una mueca que me recuerda mucho a su padre. A veces hace gestos iguales a los que hacía Aster, como poner la misma cara que él hacía a los ingredientes de la comida que no le gusta, rascarse la oreja cuando está incómodo, abrir mucho los ojos cuando lo encuentro haciendo algo malo y de inmediato poner una sonrisa en su cara. Hay mucho de Aster en él. De hecho, a veces creo que no hay nada de mí en Cole y que todo, desde su aspecto hasta su forma de actuar, es como su padre.
No me quiero imaginar lo que habría sido si Aster hubiese estado presente en su vida.
Cole se va a lavar las manos y yo aprovecho para revisar lo que se lleva a casa de mi madre. Por supuesto, él ha metido solo juguetes, nada de cambios de ropa o pijama.
Cuando acabamos de prepararnos, me pongo en marcha y lo dejo en la escuela. Mi mamá va a pasar por él a la salida, así que tengo el resto del día para pensar en algo qué ponerme y, de paso, acabar ese trabajo pendiente.
Soy abogada, la segunda de tres en este lugar. Mi jefe, el dueño de la firma en la que trabajo, es un hombre mayor que por mucho tiempo fue el único abogado en el pueblo, hasta que yo obtuve mi licenciatura y me contrató para hacer la mayor parte del trabajo que él no podía por ser mayor. Y hace un año se nos unió Liam, el hermano menor de Shonda, una de mis amigas más cercanas. Él fue a la universidad en Washington y todos creíamos que se iba a quedar a hacer su vida por allá, pero regresó al terminar la universidad y le pidió trabajo a Hemet, mi jefe.
Fue una buena adición.
Sawyer me llama cuando me estaciono frente a la oficina.
—No hace más de media hora que estábamos enviándonos mensajes, no puedes necesitarme tan pronto.
Él me ignora, como siempre.
—Me siento mal por no llevar a Cole con nosotros y estaba pensando en salir a cenar con él pasado mañana, sin ti.
Ruedo los ojos ante esto último. Le encanta salir con mi hijo sin mí porque dice que se relajan más. Sawyer es un niño en el cuerpo de un adulto que encontró en Cole el amigo hombre que nunca tuvo.
Durante nuestra infancia y parte de nuestra adolescencia, no tuvimos más amigos que nosotros mismos, no por falta de intentos, sino porque todos se querían acercar a nosotros para llegar a Aster. Ya en ese tiempo era como una celebridad en este lugar.
Hasta que se convirtió en una verdadera celebridad y las personas de aquí se dieron cuenta que era un idiota pretencioso que no valía la pena.
Sin embargo, en nuestra adultez yo pude encontrar a Shonda y hacerme su amiga, lo cual es bueno para mí porque entre Cole y Sawyer me colman de toda la testosterona requerida y de vez en cuando necesito un descanso. Pero Sawyer no tuvo la suerte de hacerse con un amigo hombre y aprovechó que yo di a luz a un niño para llenar ese vacío.
No me quejo, creo que ambos lo necesitaban.
—¿Me estás pidiendo permiso o me estás avisando?
—¿Cuándo te he pedido permiso con respecto a Cole? —refuta, en un tono bromista—. No necesitamos tu permiso, querida.