La Favorita

VII

El día había llegado finalmente. Hazel se encontraba sumida en los nervios y ansiedad de las próximas circunstancias.

A pesar de que en los diarios se podía ver el anuncio oficial sobre el compromiso de Thomas Hensley y Hazel Laurens, el señor Miller fue invitado a una privada reunión para una pequeña celebración junto a la familia de la pareja y los más allegados. Miller se encontraba más que complacido por la noticia ya que significaba que pronto su joven socio no le estorbaría en sus negocios secundarios.

Tras semanas de investigación, Thomas descubrió todos los negocios turbios que Miller manejaba; prostitución, tráfico de opio y juego clandestino. Le sorprendía y le horrorizaba saber cómo estuvo tanto tiempo al mando de ese mundo de ilegalidades sin ser atrapado por las autoridades, pero por más que Thomas supiera que su deber era entregarlo, lo único que pretendía y lo que más le importaba era que Miller desapareciera de sus vidas, del banco y de la ciudad para siempre.

Las miradas de las damas no se despegaban de ella, como si estuvieran vigilando cada una de sus acciones y así tomar algo como excusa para censurarla. Los caballeros, por otro lado, se deleitaban silenciosamente con la belleza de la joven y brindaban halagos a Thomas por su elección de pareja.

Consciente de la incomodidad de Hazel junto a las presuntuosas damas, Thomas decidió acudir en su rescate. Una interrupción respetuosa, una disculpa junto a una encantadora sonrisa bastaron para librar a la castaña de más preguntas sobre su familia.

—¿Te encuentras bien?

—Creo que podría estar mejor, pero debo admitir que los nervios no me están sentando bien. —El ámbar de su mirada se había intensificado debido a las lágrimas que pujaban por salir y que sin embargo Hazel se negaba a demostrar. Thomas, sin prestar atención al pequeño público de damas que los observaban, acarició su rostro de forma tan íntima, intentado darle seguridad y valor.

—Todo esto acabará pronto, Hazel. Solo unos minutos más. — Por un momento, Hazel se resguardó en la calidez y amor que la verdosa mirada que Thomas le profesaban, quiso quedarse allí, junto a él y olvidar todo lo demás, pero sabía de la importancia de toda esa reunión.

—Bien. — Con las pocas energías que le quedaba logró brindarle una sonrisa y Thomas respondió a su gesto con un suave beso en la frente.

—Te amo. — Susurró él para luego reunirse con su abogado. Hazel comprendió que pronto no habría nada que no les permitiera vivir tranquilamente.

•••

Hazel despidió a todos los invitados junto a Lady Caroline ya que Thomas se encontraba en su estudio junto al Señor Miller y sus abogados. La tensión y angustia se encontraba latente en la postura de la joven y su acompañante podía notarlo claramente.

—No mentiré, querida. También me encuentro ansiosa, pero confío en Thomas y te aseguro que tiene el carácter fuerte y determinado de su padre. — Expresó Lady Caroline.

—También confío en Thomas, pero temo por su seguridad. No sé de qué sería capaz Miller. — Hazel no despegaba la mirada las escaleras.

—Miller se encuentra atado de pies y manos, no creo que arriesgue su libertad, comodidades y mucho menos su reputación por una simple venganza personal. No tiene salida. — Lady Caroline prácticamente había escupido las palabras con repudio. — Nunca confié en él, pero mi difunto esposo tenía una fe ciega en quien llamo "amigo" hasta el día de su muerte.

La joven no tuvo oportunidad de responder debido a que se escucharon pasos bajando las escaleras. Miller bajaba casi corriendo, su semblante cotidianamente pícaro había sido reemplazado por una máscara de facciones duras y notorio desagrado, pero era nada comparado a la colérica mirada que le dirigió a Hazel.

No se necesitó ni una palabra para comunicarle a la joven que su rol en todo aquel complot, no le había hecho nada de gracia. Con la enfrente en alto y sin un rastro de educación o gentileza, la robusta presencia del Señor Miller desapareció por la puerta.

Hazel sintió finalmente aquel calor que había necesitado todo el día. Thomas la abrazó cubriéndola protectoramente, sus manos acariciaban sus castaños cabellos y sus labios se movían diciendo algo que Hazel no llegó a descifrar a tiempo. En cuanto la furiosa mirada de Miller se había puesto en ella, su respiración se había detenido, toda la sangre de su cuerpo parecía haberse esfumado, dejando a su cuerpo débil y, más pronto que tarde, inconsciente.

•••

Su cuerpo se sentía pesado, se sentía adormecida, pero quería despertar. Sus pesados parpados comenzaron a abrirse para descubrir que se encontraba en un lugar que no reconocía. Tras despejarse su vista por completo, miró a su alrededor aun sin reconocer donde descansaba.

La luz del pasillo se abrió paso en la habitación dejando ver a Thomas con una sombra de preocupación abarcando su pálido rostro.

—¡Hazel! Gracias a Dios que despiertas. — Expresó con notorio alivio.




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