La FÓrmula Del Amor

Capítulo 8: El Límite de la Paciencia

Clara dio un paso atrás, sintiendo que la respiración se le aceleraba ante la cercanía física de Mateo.

— ¿Y por qué te importa tanto? Si yo quiero ser madre soltera, a ti no debería afectarte en absoluto. Tú me dijiste que la clínica no se prestaba para esto.

— ¡Mentí! —exclamó Mateo, perdiendo por completo su habitual postura—. Mentí porque me asusté. Porque llevo diez años viendo cómo entras y sales de esta clínica, deseando ser el hombre que te acompañe a casa en lugar de ser solo tu jefe. Y cuando me pediste que fuera el donante, me dolió que me vieras simplemente como una jeringuilla con buenos genes en lugar de ver al hombre que está locamente enamorado de ti.

Clara se quedó paralizada. Las palabras de Mateo resonaron en las paredes de la oficina, llenando el vacío de todos los años de dudas y miradas perdidas.

— ¿Tú... estás enamorado de mí?

— Por supuesto que lo estoy, maldita sea —admitió él, pasándose una mano por el cabello, frustrado—. Por eso me vuelvo loco cuando sonríes con Leo, por eso casi mato a Adrián con la mirada y por eso he saboteado cada uno de tus intentos de buscar a otro donante. Si vas a tener un hijo, Clara... quiero que sea conmigo. Pero no en un laboratorio de forma anónima. Quiero ser su padre. Quiero criarlo contigo. Quiero que seamos una familia.




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