Un año después, la clínica *Nuevas Vidas* celebró su evento anual de aniversario, pero la mayor atracción de la noche no fueron los logros científicos, sino la pequeña cuna que descansaba en la oficina principal.
Clara y Mateo estaban de pie junto a su hermoso bebé de tres meses, un niño sano que había heredado la inteligencia de su madre y, para desgracia de Clara, la mirada decidida y los ojos oscuros de Mateo.
Adrián Vance, quien finalmente había regresado de su largo viaje y aceptado su derrota con la dignidad que le quedaba, se acercó a la pareja con una copa en la mano.
— Tengo que admitir, Silva, que tu plan de enviarme a Tokio fue una jugada maestra. Pero el bebé es idéntico a ti, así que supongo que el mundo se salvó de tener un niño con mis perfectos genes atléticos.
— Gracias por tu generosidad, Vance —respondió Mateo, pasando un brazo protector alrededor de los hombros de Clara—. Pero esta es la única fórmula que siempre estuvo destinada a funcionar.
Clara miró a su esposo y luego a su hijo. Ya no necesitaba tablas de Excel, ni perfiles de donantes, ni calendarios de laboratorio forzados. Tenía a su lado al hombre que amaba y a la familia que siempre había soñado, demostrando que a veces, incluso en la ciencia reproductiva, el amor es el único factor que no se puede calcular, pero que siempre da el resultado perfecto.
FIN
<3.R.M