La Fórmula Del Caos

CAPÍTULO 4: La variable oculta

La impresora volvió a detenerse con un chasquido mecánico.

Valeria permaneció inmóvil frente a la bandeja de salida. La hoja recién emitida sobresalía apenas unos centímetros, con la tinta todavía tibia bajo la luz blanca de la Central de Mezclas. No la tocó.

—¿Cuántas veces puede repetirse esto? —preguntó Julián, rompiendo el silencio del laboratorio.

Valeria bajó la mirada hacia la pantalla de su tableta, donde las métricas de trazabilidad continuaban recalculándose en segundo plano.

—No lo sé.

—Eso no me sirve, Valeria.

—A mí tampoco.

Con un movimiento preciso, extrajo el papel. La segunda hoja mostraba exactamente el mismo patrón que la anterior: un lote de albúmina humana al 20% retirado de inventario, una salida digitalizada a las 04:17 de la madrugada y una firma en el registro electrónico.

J. VALENZUELA.

Julián se pasó una mano por el cabello, dejando al descubierto una fatiga que la adrenalina previa de la emergencia pediátrica había logrado contener.

—Tenemos que llamar a Seguridad de inmediato.

—Todavía no —respondió ella sin dudar.

—¿Por qué no? Alguien utilizó mi credencial digital dentro del sistema de la clínica.

—Si alertamos al departamento equivocado, la base de datos se puede «limpiar» en diez minutos.

—¿Entonces qué propones? —preguntó él, con un tono serio.

Valeria encendió la cámara de su tableta y fotografió el documento impreso desde dos ángulos distintos. Después encuadró la pantalla de la terminal de control, capturando la dirección IP y el código de transacción.

—Primero, asegurar la evidencia fuera de su servidor central.

—Eso ya lo tenemos en el papel.

—El papel se traspapela, Julián. Un archivo cifrado en la nube, no.

Julián la observó en silencio. Su postura inflexible cedió espacio a una extraña mezcla de cautela y fascinación.

—¿Siempre trabajas así?

—¿Así cómo?

—Como si cada persona a tu alrededor tuviera un motivo oculto para engañarte.

Valeria guardó las capturas en una carpeta protegida y bloqueó la pantalla con un toque seco. Lo miró de frente.

—No. Solo cuando los datos indican que, efectivamente, lo están haciendo.

Julián no respondió. La fría devoción de Valeria por la evidencia comenzaba a colisionar con su propia metodología médica. Eran dos formas opuestas de buscar la verdad: él a través de la respuesta fisiológica del paciente; ella a través del rastro digital y financiero.

—Hay algo más —dijo él, cruzándose de brazos—. El registro marca que la salida del fármaco se autorizó a las 04:17.

—Sí.

—Yo estaba en la sala de flujo laminar a esa hora. Carmen estuvo preparando las nutriciones parenterales hasta las cinco y no salí por la puerta principal.

—Entonces el acceso no fue presencial —dedujo Valeria, regresando a la computadora central—. Se ejecutó desde otra terminal conectada a la red interna.

Sus dedos volaron sobre el teclado, ingresando a la consola de administración de direcciones IP del hospital. Desglosó las conexiones de la madrugada una por una: nodos, usuarios, firmas digitales y tiempos de respuesta.

Julián se inclinó sobre su hombro para seguir el rastreo. La proximidad de su aliento hizo que Valeria pausara el movimiento de los dedos por un milisegundo antes de retomar el control.

—¿Puedes rastrear el origen exacto?

—El software central consolida la salida de stock, pero el log de red conserva el nodo físico de ejecución. Busco una discrepancia.

—¿Qué tipo de discrepancia?

—Una firma válida ejecutada desde una ubicación ilógica.

—Eso describe perfectamente toda mi mañana —soltó él con una risa seca.

Valeria estuvo a punto de responder, pero el monitor devolvió una coincidencia en rojo.

—Aquí está.

Amplió una línea de código del registro de eventos:

NODO ORIGEN: TERMINAL 03 — FARMACIA HOSPITALARIA (PISO 2)

Julián frunció el ceño.

—El segundo piso. Esa terminal está en la farmacia central de dispensación, no en este laboratorio.

—¿Quién tenía la guardia nocturna asignada a esa estación?

Valeria abrió el cuadrante de turnos del personal asistencial. Un nombre emergió en pantalla:

M. RIVERA — TÉCNICO EN FARMACIA

Julián negó con la cabeza al instante.

—Miguel lleva ocho años en la clínica. Es impecable.

—La confianza no es una variable en una auditoría, Julián.

—Tampoco lo es la paranoia. No puedes señalar a un técnico solo porque su estación de trabajo fue utilizada.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.