El dormir fue imposible.
El pensar fue inevitable.
El viaje no me mantenía tranquilo.
Mi despertador sonó entonces.
Para ese entonces yo ya estaba despierto. Como siempre.
Mis ojos, aunque se mantenían cerrados; mi cuerpo sabía exactamente dónde estaba mi alarma. No fue ningún desafío el saber en dónde se encontraba.
No quería levantarme de mi cama, no tenía energía con la cual funcionar durante el día. Aun así, me levanté.
Esa noche, Suri durmió en su cama, aunque no cambio el hecho de que abrió los ojos al escuchar el sonido de mi alarma. Yo solo la acaricié durante unos segundos y volví a hacer mis actividades.
Cuando bajé, el silencio reinaba en los pasillos de mi hogar. Solo se podían escuchar mis pasos al bajar por las escaleras.
Finalmente llegué a la cocina. Observe un leve momento hacia los lados, al parecer mi teoría era algo cierta.
No era un buen día.
O por lo menos eso es lo que se podía notar en el ambiente del lugar.
Tomé un poco de pan dulce junto a un café negro y me senté a comer.
Lo único que podía cruzar con facilidad por mi mente era el viaje a Puebla.
¿Por qué un simple viaje me afecta tanto?
Entre más lo pensaba, menos sentido tenía para mí.
Me perdí en mi propia mente.
Tanto que no pude sentir que el tiempo transcurría mientras yo estaba sentado en una silla de mi comedor.
Aun inconsciente de la hora, subí las escaleras, me puse la mochila y me quedé observando a Suri durante unos momentos.
Cuando me coloqué el reloj finalmente fui consciente de la hora.
Ya era tarde.
Salí tan rápido como pude de mi casa y me dirigí a donde tomaba el camión.
Ya en el camión no me quedó otra que perderme en mis pensamientos y esperar que no hubiera tráfico, al menos así podría llegar a tiempo a mi trabajo.
Las personas alrededor de mí también tenían problemas, inquietudes, deberes y pesares.
Todas las personas tenemos en común eso.
Y el estar tan preocupado por un viaje me hacía sentirme extraño ante los demás.
Llegué unos minutos tarde a mi trabajo. Para mi suerte tenía tolerancia de quince minutos.
Aunque nunca los necesité.
Nunca había llegado tarde.
Saludé al guardia un poco acelerado por la hora y me dirigí al ascensor.
No entendía lo que me estaba pasando.
Todo estaba cambiando de forma tan brusca que no me daba tiempo para analizar o hacer un plan para que todo siguiera en pie.
Estaba perdiendo aquel control del que tanto estaba acostumbrado.
Aquel que me cerraba y me mantenía recto.
Aquel que me hería y me reconstruía.
Aquel que era mi vida... y mi muerte.
Las puertas del ascensor se abrieron. Mi cabeza que permanecía baja se alzó, mi postura volvió a ser rígida y mi mirada volvió a tener esa serenidad que acostumbraba a tener.
Yo solo caminé entre los pasillos del edificio y me senté en la silla que permanecía cerca del escritorio.
Prendí la computadora y al poco rato mi jefe me invitó a su oficina para hablar sobre asuntos del viaje que realizaría en un par de semanas.
Yo accedí.
—Estos son algunos documentos que necesitarás antes del viaje.
—¿Puedo preguntar de qué se tratan?
—Son los reportes de la sucursal de Puebla. Hay varias inconsistencias en los procesos. Lo revisaría yo mismo, pero me temo que no podré hacerlo.
Mi mirada se desvió hasta los documentos en la mesa.
Los tomé entre mis manos y empecé a hojear.
Las páginas estaban llenas de informes, firmas y reportes incompletos.
Era algo obvio que algo no estaba bien.
—Ya veo.
—Una cosa más.
Mi atención volvió a mi jefe de inmediato.
—Dígame.
—Note que hoy llegaste tarde, eso no es algo normal viniendo de ti. ¿Está todo en orden?
Sus palabras me dejaron atónito.
Mi expresión era la de siempre.
Aunque por dentro sentía que me ahogaba.
—No es nada. Solo salí algo tarde.
No agregué más, no lo veía necesario.
—En ese caso sería todo —Tomo un poco de aire y después agregó—. Puedes retirarte.
Me incliné levemente y me dirigí hasta mi escritorio, mi computadora seguía prendida.
Coloque los documentos en mi mochila e intente enfocarme en mi trabajo.
Las palabras estaban ahí, frente a mí… pero mi mente seguía lejos.
Di un suspiro y decidí abrir la mochila para volver a ver los documentos.
Pasé algunas hojas sin prestar mucha atención hasta que algo que no era normal captó mi atención.
Un reporte que no tenía firma.
Poco a poco fui dándome cuenta de que no era el único, varios estaban inconclusos, con información incorrecta o en mal estado.
Fue ahí cuando me di cuenta de que el trabajo sería más complejo de lo que pensaba.
Y de alguna forma, eso no era lo que más me inquietaba.
Aunque tampoco sabía qué era lo que me preocupaba.
Solo sabía que no sería algo sencillo.
Y aunque quisiera negarme... no podía.
Simplemente las palabras se quedaban en mi garganta al momento de decirlas.
Mi mente se quedaba en blanco mientras que mi mirada solo podía caer rendida al suelo.
El resto de la tarde transcurrió con normalidad.
O por lo menos lo que yo podría llamar normalidad.
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Editado: 27.03.2026