La Frecuencia de tu Piel

La Detective de las Sombras.

Sofía no era tonta. Había crecido con Mateo y sabía que su hermano siempre había sido un espíritu libre, alguien que no prestaba atención a nada que no fuera su música o sus conquistas en el extranjero. Sin embargo, notaba que Mateo estaba "demasiado" presente. Ya no salía con sus antiguos amigos del instituto; prefería quedarse en casa "ensayando".

Esa noche, Sofía decidió jugar a la detective. Cuando Elena anunció que se iba a casa porque tenía dolor de cabeza, Sofía fingió irse a dormir. Esperó en la penumbra de su habitación, con la puerta entreabierta.

Diez minutos después, escuchó el crujido familiar del parqué en el pasillo. No era el paso pesado de su padre ni el caminar rítmico de su madre. Era alguien que intentaba no ser oído. Asomó la cabeza y vio a Elena, que no se había ido de la casa, subiendo las escaleras hacia el ático con los zapatos en la mano.

"Lo sabía", pensó Sofía, sintiendo una mezcla de triunfo y preocupación. "Está usando el ático para verse con alguien. ¿Habrá dejado entrar a un extraño por la ventana de la terraza?".

Sofía esperó unos minutos y luego la siguió, con el corazón latiéndole con fuerza. No quería interrumpir un momento íntimo, pero la curiosidad y la sobreprotección hacia su amiga la impulsaban. Se detuvo frente a la puerta del ático. Al principio no se oía nada, solo el viento contra el tragaluz. Luego, escuchó un susurro bajo, una risa ahogada que conocía demasiado bien.

—Te dije que era peligroso —era la voz de Elena, cargada de una mezcla de miedo y deseo.

—El peligro es lo que lo hace real —respondió una voz masculina.

Sofía se pegó a la madera, conteniendo la respiración. La voz del hombre era baja, distorsionada por la puerta, pero algo en su cadencia le resultaba dolorosamente familiar. Estaba a punto de girar el pomo cuando escuchó el primer acorde de la guitarra. Era una melodía lenta, una que Mateo solía tocar cuando estaba especialmente inspirado.

El mundo de Sofía se tambaleó. "No", se dijo. "No puede ser. Él solo la está ayudando a ocultar a alguien. Sí, eso debe ser. Mateo la está encubriendo". Pero su intuición, esa que nunca fallaba, le decía que la verdad era mucho más retorcida.




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