La Frecuencia de tu Piel

El Tribunal de la Amistad.

El aire en la habitación de invitados estaba cargado de vapor y del aroma dulce del champú de Elena, pero la atmósfera se sentía tan gélida como un invierno en Boston. Sofía sostenía la púa de plata entre el índice y el pulgar, balanceándola como si fuera una prueba forense de un crimen capital.

—No es lo que parece —fue lo primero que alcanzó a decir Elena. Su voz sonó pequeña, una vibración rota que delataba su culpabilidad antes de que pudiera articular una mentira mejor.

—¿No lo es? —Sofía se puso en pie. Su rostro, habitualmente risueño, estaba transformado por una máscara de decepción pura—. ¿No es mi hermano el que sube al ático cada noche? ¿No eres tú la que me ha estado mintiendo a la cara mientras desayunamos con mis padres? ¡Con mis padres, Elena! Ellos te ven como a una hija. Yo te veo como a una hermana.

Elena dio un paso adelante, dejando que la toalla se le resbalara un poco de los hombros, olvidada en su angustia. —Sofi, por favor. Escúchame. No fue planeado. Yo intenté ignorarlo, te lo juro. Intenté tratarlo como siempre, pero… cuando él toca, cuando me mira… no puedo evitarlo. Me siento viva de una forma que me asusta.

—¡Es mi hermano! —gritó Sofía, bajando la voz al final por miedo a ser oída—. Es Mateo. El que se va, el que no tiene raíces, el que rompe todo lo que toca. Y tú eres lo único estable en mi vida. Si él te rompe el corazón, ¿a quién voy a elegir yo? ¿A mi sangre o a mi alma? Me has puesto en una posición de m***da, Elena.

Elena cayó de rodillas sobre la alfombra, las lágrimas finalmente desbordándose. El peso de las 20,000 palabras de historia compartida entre ellas se sentía como una montaña. —No les digas nada a tus padres. Por favor. Destrozaría a tu madre. Ella cree que soy la chica buena, la chica perfecta. Si se entera, perderé esta casa. Perderé a tu familia. Te perderé a ti.

Sofía miró a su amiga con una mezcla de lástima y un nuevo tipo de frialdad. El poder acababa de cambiar de manos. —No se lo diré. Aún. Pero esto no va a ser gratis, Elena. Si quieres que guarde este secreto sucio, las cosas van a cambiar. A partir de ahora, tú y él vais a demostrarme que esto no es solo un capricho hormonal que va a dinamitar mi familia.




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