La cena con Javier fue un desastre silencioso. Elena apenas probó bocado, respondiendo con monosílabos mientras su mente estaba en el estudio del sótano, imaginando a Mateo descargando su frustración en las cuerdas de su guitarra.
Cuando regresó a casa, Sofía la esperaba en la entrada. —¿Y bien? ¿Le diste esperanzas?
—He cumplido tu parte, Sofía —dijo Elena con voz gélida—. Ahora déjame en paz. Me siento como una prostituta de mi propia vida.
—Te sientes como alguien que está pagando el precio de sus actos —replicó Sofía, aunque en el fondo su voz tembló. Estaba perdiendo a su amiga para intentar salvar a su familia.
Elena bajó al sótano a pesar de las advertencias. Necesitaba el oxígeno que solo Mateo le proporcionaba. Al entrar, lo encontró rodeado de humo de cigarrillo y partituras rotas. La guitarra estaba en el suelo.
—No puedo más, El —dijo él, acorralándola contra la puerta en cuanto entró—. Ver cómo ese idiota te ponía la mano en la cintura… sentir a mi hermana vigilando cada suspiro nuestro… me está volviendo loco.
—Es el precio, Mateo. Ella sabe lo de la púa. Sabe que te amo.
Mateo se detuvo. Era la primera vez que ella pronunciaba esa palabra. La palabra "amor" pesaba más que la pasión, más que la lujuria. Era lo que convertía su aventura en una amenaza real para el orden de los Vidal.
—Dilo otra vez —pidió él, pegando su frente a la de ella, buscando su calor con desesperación.
—Te amo —susurró Elena, llorando—. Y por eso duele tanto. Porque Sofía tiene razón. Si esto sale mal, no quedará nada de lo que fuimos.
En la oscuridad del estudio, lejos del radar de Sofía por un breve instante, se entregaron el uno al otro con una desesperación nueva. Ya no era solo el hambre de la piel; era el miedo a ser separados por las leyes de una familia que los amaba, pero que no los entendería jamás.
Lo que no sabían era que Sofía estaba detrás de la puerta del estudio, escuchándolo todo. Sus manos temblaban. Ya no era rabia lo que sentía, sino una profunda soledad. Sus dos personas favoritas habían creado un mundo donde ella era la villana, la intrusa. Y esa realización estaba a punto de hacer que el pacto de silencio saltara por los aires.