La Frecuencia de tu Piel

La Despedida en la Lluvia.

La pelea final ocurrió una noche de octubre. Elena había ido a ver a Sofía a escondidas, intentando pedir perdón, pero la reunión terminó en un desastre de gritos en un café público. Cuando Elena regresó al apartamento, Mateo la estaba esperando con una botella de whisky y una mirada que ella no reconoció.

—¿Dónde estabas? —preguntó él, su voz era un susurro peligroso.

—Intentando arreglar lo que rompimos, Mateo. Intentando recuperar a mi mejor amiga.

—No hay nada que arreglar. Ella te odia. Ellos nos odian. ¿Por qué no puedes aceptarlo? ¿Por qué no puedo ser yo suficiente para ti?

—Porque el amor no es una isla, Mateo —dijo Elena, empezando a meter su ropa en una maleta por segunda vez en tres meses—. Me enamoré del hombre que tocaba la guitarra con el alma, no del hombre que me usa como un escudo contra su propia familia. Me he dado cuenta de que no me amas a mí... amas la rebelión que represento.

—Si cruzas esa puerta, Elena, se acabó. No voy a buscarte esta vez. No habrá motos en la madrugada ni canciones de perdón.

Elena se detuvo con la mano en el pomo. Se giró para mirarlo una última vez. Mateo estaba allí, de pie en medio del salón vacío, con la mirada perdida y las manos temblando. Era la imagen de un hombre que lo había apostado todo a una sola carta y había perdido.

—Lo sé —dijo ella con una calma que le dolió más que cualquier grito—. Eso es lo que más me duele. Que preferirías perderme antes que pedir perdón a los que te quieren.

Elena salió al pasillo. Fuera, la lluvia de otoño caía con una fuerza implacable, lavando las calles pero no la tristeza de su corazón. Mientras caminaba hacia el metro, escuchó, muy a lo lejos, el sonido de una guitarra. No era una melodía, era un lamento, un rasgueo violento y desesperado que se perdía en el estruendo de la ciudad.

Se habían separado. El fuego que los unió se había convertido en el incendio que los consumió. Elena subió al tren, se sentó contra la ventana y lloró por el hombre que la veía como alguien nueva, y por la mujer que había tenido que morir para que ella pudiera volver a ser libre.




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