La Frecuencia de tu Piel

El Asfalto de la Memoria.

Madrid recibió a Elena con un cielo de color plomo y el rugido familiar del tráfico de la Castellana. Al bajar del tren, el aire seco de la capital le llenó los pulmones, trayendo consigo olores que había intentado enterrar bajo la sal del mar: café quemado, humo de motor y ese aroma a prisa que solo Madrid posee.

Se instaló en un hotel boutique cerca de la Gran Vía, pagado por el estudio que ahora dirigía. Mientras deshacía la maleta, se dio cuenta de que su ropa —trajes de lino sastre, camisas de seda, zapatos de diseñador— era la armadura de una mujer que ya no necesitaba esconderse. Sin embargo, el encargo de la mañana siguiente la hacía sentir como una niña otra vez: tenía que presentarse en el solar donde se levantaría el centro cultural, el mismo proyecto que nació en la biblioteca de los Vidal.

Esa noche no pudo dormir. Caminó por el centro, evitando deliberadamente el barrio donde vivía la familia de Sofía. Pero el destino, o la inercia de una ciudad que se empeña en cruzar los hilos, hizo que terminara frente a una valla publicitaria gigante. Era el rostro de Mateo. Estaba más delgado, con una barba de varios días y una mirada que ya no pedía perdón, sino que desafiaba al mundo. El anuncio promocionaba su "Gira Acústica: El Retorno". Elena se quedó allí, bajo la lluvia fina, mirando a su antiguo amante como quien mira un monumento a un desastre natural.




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