La Frecuencia de tu Piel

Las Verdades Finales.

—¿Lo amabas de verdad? —preguntó Sofía, su voz ahora era un susurro roto.

—Más que a mi propia seguridad. Más de lo que me amaba a mí misma en ese momento. Por eso tuve que irme. Porque entre tú y él, me estaba asfixiando.

Sofía suspiró, dejando caer los hombros por primera vez en un año. —Él te buscó, ¿sabes? Después de que te fueras de la cabaña y os pelearais en el apartamento. Durante meses, borracho o sobrio, te buscó en cada arquitecta que conocía. Fue patético.

—Ya no soy esa Elena, Sofía. He construido algo que no depende de él ni de vosotros. He ganado este premio por mérito propio.

—Lo sé —asintió Sofía amargamente—. Mamá tiene el recorte de periódico guardado en un cajón. No te odia, Elena. Solo está triste de que la historia terminara en un incendio.

Antes de irse, Sofía dejó un sobre sobre la mesa. —Es la invitación a la inauguración de la nueva galería de arte de mis padres. Mateo va a tocar. Papá insiste en que estemos todos. Dicen que es su "reencuentro familiar". No espero que vayas, pero... si quieres cerrar el círculo, ahí tienes la puerta.

Elena miró el sobre. El papel era grueso, elegante. Era la entrada a la boca del lobo.




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