La Frecuencia de tu Piel

El Algoritmo del Consuelo.

Elena no dormía. Sus noches se habían convertido en un desfile de artículos científicos, foros de neurología y correos electrónicos enviados a especialistas en el otro lado del mundo. Mientras Mateo luchaba contra sus demonios en el salón, ella, en su estudio, buscaba una salida de emergencia para el talento que él tenía atrapado en una mano inerte.

Fue así como encontró el Instituto Neuromusic en Berlín. No era una clínica tradicional; era un centro de vanguardia que utilizaba interfaces cerebro-computadora y síntesis granular. La premisa era revolucionaria: si el nervio del brazo estaba muerto, la música podía nacer directamente de los impulsos neuronales del cerebro, traducidos a frecuencias electrónicas mediante sensores táctiles en la mano izquierda y un casco de lectura sináptica.

—No se trata de tocar la guitarra, Mateo —le explicó Elena una mañana de lluvia, con los ojos inyectados en sangre por el insomnio pero brillando con una chispa que él no veía desde antes de la guerra—. Se trata de que tu cerebro vuelva a emitir música. Berlín tiene la tecnología para que no necesites tu mano derecha. Puedes componer de nuevo. Puedes volver a ser tú.

Mateo la escuchó mientras sostenía una taza de café con su mano izquierda, la única que obedecía. Miró el folleto digital que ella le mostraba: imágenes de cables, sensores y pantallas llenas de ondas sinusoidales.

—Eso no es música, Elena. Eso es ingeniería —dijo él con amargura—. Yo necesito sentir la madera, el roce de las cuerdas, la vibración en mi pecho. Lo que me propones es convertirme en una máquina.

—Lo que te propongo es que dejes de morir en vida —replicó ella, su voz subiendo de tono por la desesperación—. Llevas meses mirando esa pared. Si no vas a Berlín, la guerra habrá ganado, Mateo. Te habrá quitado la música para siempre.

El silencio que siguió fue denso. Elena sabía que estaba jugando su última carta. El tratamiento era intensivo: seis meses de aislamiento en un régimen de internado clínico. Seis meses sin ella. Seis meses donde Mateo tendría que enfrentarse a su trauma sin el bálsamo de su presencia.




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