La Frecuencia de tu Piel

El Sonido de la Redención Comercial.

El Instituto Neuromusic de Berlín no solo había devuelto a Mateo la capacidad de crear; había dado a luz a un fenómeno. Su primer álbum, titulado Sinapsis, fue una explosión que la industria musical no veía desde hacía décadas. No era solo música; era la primera vez que el mundo escuchaba "el sonido puro del pensamiento". Mateo, con su casco de electrodos y su mano izquierda operando sintetizadores de frecuencia, se convirtió en el icono del superviviente moderno.

En tres meses, Mateo pasó de ser un paciente anónimo a llenar estadios en Londres, Nueva York y Tokio. Pero detrás del brillo de las luces LED y las críticas entusiastas de Rolling Stone, había un muro de trajes oscuros. Marcus Thorne, un mánager de reputación implacable contratado por la discográfica para "gestionar el fenómeno", veía en Elena un obstáculo para la narrativa de Mateo.

—La narrativa del "héroe solitario y atormentado" es lo que vende, Mateo —le dijo Marcus en el jet privado de camino a la gala de los Grammy—. Una novia arquitecta en Madrid no encaja en la imagen. La gente quiere que seas el poeta que volvió del infierno con las manos vacías y el alma llena de música. Quieren que seas de ellos, no de ella.

Mateo miró por la ventanilla, ajustando el sensor de su muñeca derecha. Aunque ya no necesitaba la mano para tocar, la llevaba oculta en un guante de seda negra, un sello de su nueva identidad.

—Elena no es una "narrativa", Marcus. Ella es la razón por la que no me pegué un tiro en ese hospital —respondió Mateo con una voz que había recuperado su fuerza, pero que ahora arrastraba un cansancio existencial.

—Precisamente —replicó el mánager con una sonrisa gélida—. Ella es tu "salvadora". Y en el mundo del espectáculo, si el héroe ya está salvado, la historia se acaba. Si quieres que este proyecto siga financiando tu rehabilitación y tus centros de paz, tienes que distanciarte. Madrid es el pasado. Berlín y el mundo son el futuro.

Elena, mientras tanto, recibía llamadas de asistentes que cancelaban sus vuelos para ver a Mateo bajo excusas de "problemas de agenda" o "estrictos protocolos de salud". El hombre que ella había ayudado a reconstruir estaba siendo secuestrado por su propia creación.




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