La Frecuencia de tu Piel

La Ampliación del Hogar.

Dos años después, Elena volvió a tomar sus lápices de dibujo, pero esta vez no era para un cliente externo. Necesitaban ampliar la casa. Un nuevo latido se sumaba a la familia, y Elena quería que el espacio reflejara esa expansión. El segundo embarazo fue distinto: más tranquilo, rodeado de la risa de Leo y de la seguridad de una vida establecida.

—Vamos a necesitar más luz en el ala este —decía Elena, mientras Mateo la ayudaba a mover los muebles—. Maya va a necesitar su propio espacio para soñar.

—¿Maya? —preguntó Mateo, sonriendo—. ¿Ya hemos decidido el nombre?

—Lo decidí anoche, mientras te escuchaba tocar ese preludio nuevo. Maya suena a agua, a fluidez. Leo es la tierra y el ritmo; ella será el aire y la melodía.

Mateo aceptó el nombre con un beso. Se sentía el hombre más afortunado de la tierra. Su mano derecha, aunque nunca volvió a tener la velocidad de su juventud, poseía ahora una sensibilidad que le permitía extraer matices del instrumento que antes le pasaban desapercibidos. Su "discapacidad" se había convertido en su mayor virtud artística: la capacidad de hacer mucho con muy poco.




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