Maya nació en pleno invierno, durante una tormenta de nieve que recordó a Elena la noche del estudio de música, pero sin el miedo ni la culpa. La casa era un búnker de calidez. Cuando Maya llegó al mundo, era más pequeña que Leo, pero su voz tenía una potencia que hizo reír a Mateo.
—Esta va a ser la jefa de la casa —bromeó Sofía, que se había convertido en la "tía consentidora" y pasaba casi todos los fines de semana en la sierra—. Tiene el carácter de Elena y la terquedad de los Vidal. Estamos perdidos.
La llegada de la segunda hija trajo una nueva dinámica. Leo, con sus tres años, se convirtió en el protector de la pequeña, intentando enseñarle a "tocar" el piano de juguete que Elena había diseñado para él. La casa, que antes era un templo de paz, se transformó en un laboratorio de juegos y música constante. Mateo grababa los balbuceos de Maya y los integraba en sus nuevas composiciones, creando un género musical único que la crítica llamó "Folk Orgánico", aunque para él solo era el diario sonoro de su felicidad.