La Frecuencia de tu Piel

El Círculo Completo.

Una tarde de otoño, la familia entera decidió subir a la cima de la montaña que coronaba su valle. Mateo llevaba su vieja guitarra a la espalda, y los niños corrían por delante, seguidos por un perro viejo que habían rescatado años atrás.

Al llegar a la cima, Madrid se veía a lo lejos, una mancha de luces y humo que parecía pertenecer a otro planeta. Sofía y sus padres estaban allí esperándolos para un picnic familiar. Ver a tres generaciones unidas, compartiendo pan y risas en el mismo lugar donde Mateo buscó refugio tras la guerra, era la imagen de la victoria total.

—Toca algo, papá —pidió Leo, sacando el instrumento del estuche.

Mateo miró a Elena. Ella asintió, con esa mirada que todavía, después de tantos años, le aceleraba el pulso. Mateo se sentó en una roca y empezó a tocar una melodía que no tenía nombre, porque era la suma de todos sus días juntos. Era el sonido del ático, del estudio bajo la lluvia, del barro de la trinchera, de la frialdad de Berlín y del calor de sus hijos.




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