La Gala De Una Venganza

Capítulo 3.

El señor Moore estaba ansioso, su corazón latía apresurado, la vida se le acortaba y en su pensamiento, solo estaba su única hija y el temor de dejarla sola al darse cuenta que Fernando no era el hombre bueno que él creía.

La incongruencia en sus acciones hizo que el padre de Eliett llamara con frecuencia al magnate, su error estuvo en querer saber quien realmente era su yerno sin haber hablado antes con Are Montgomery, ahora estaba terriblemente grave y temía irse dejando a su hija en el total desamparo.

Fernando lo observaba respirar con dificultad, pero solo temía que sus planes se fueran al piso, no paraba de negar la verdad.

—Engañas a mi hija, eres una muy...mala persona, y sabes...cómo hacerlo... para sacar provecho de todo ésto...

—No sé de qué habla, soy incapaz, viejo, tranquilízate, estás muriendo...no debió aparecerse allá sin avisar, créame que ésto no es importante como para que usted muera.

—Cínico...e infeliz...

—Ve como se pone sin necesidad. —rió con burla— ¿Acaso nunca le puso el cuerno a su difunta esposa?

—Eres un...—la falta de oxígeno en el viejo fue evidente— no, noooo puedoooo....respirar.....

—¿Qué hace? —preguntó el doctor al entrar.

—Solo trató de tranquilizarlo, pero... él no colabora. —dijo mostrándose preocupado, pero dentro del corazón de fernando había fiesta.

—Señor, salga de la habitación. —dijo su médico de cabecera quien era su amigo de toda la vida— voy a conectarlo para que respire. —dijo mientras le puso el respirador— Tranquilízate, ya salió...no puedes pelearte con ese mal hombre, tu hija lo va a solucionar, aunque la veas inocente, es una mujer. Ella va a saber que hacer...hoy en día las mujeres tienen un papel prepoderante y fundamental en la sociedad, la criaste con valores, ella sabrá qué hacer.

—Necesi...tooo...hablarrr con...con...Areeee... Montgomery. —dijo procurando calmar su ansioso estado de salud— llámalo...llámalo...

—Lo llamaré, pero cálmate. —el médico tenía en su poder el teléfono del delicado paciente y dejando a una enfermera en su cuidado, salió y ya Fernando no estaba.

Una llamada entrante se reflejó y era el mismo Are Montgomery, el médico respondió devolviendo se a toda prisa, sabía el estado de su paciente y no estaba seguro que resistiría

—Doctor, dijo la enfermera al verlo entrar— el señor Moore está inquieto, lucha para no...

—Are Montgomery está aquí en tu teléfono, amigo. —interrumpió el médico— Háblale, amigo.

—Areee...hijoooo....

—Maestro, ¿qué le pasa? No puede rendirse... ¿En dónde estás....?

—Solo escuche a mi paciente señor Montgomery para que se pueda tranquilizar —dijo el médico— dile amigo, dile ya.

—Dígame maestro, me preocupa, ¿qué le pasa?

—Estoooyyy....—tosió seguido y recuperó fuerza— estoyyy...mu...muriendo...Are...salva a...mi hija...Eliett eeestá en pe...p...eligroooo...casaaada con c...on un... sicópata...

—dice que está muriendo y que salves a su hija que se casó con un mal hombre. —repitió el preocupado médico.

—¡¿Quéee?! ¡¿Eliett?! ¡¿Nuestra Eliett?! Pero...yo creí que era feliz que, ella estaba bien.

—Sálvala...su..su esposo...es falso, canalla, un...está...fador...

—Dice que su esposo es falso y un estafador. —nuevamente el médico intervino.

—Bien maestro, lo escuché y ya salgo para Nueva York. —dijo apresurado— debe calmarse, lo veo allá.

—No, nooo...yoooo estoyyy muriendoooo...muchacho.

—Maestro no, ¿Qué dice? Resista...

—Júrame...que, salvaraaassss a mi hija. —dijo con todo su esfuerzo— que laaaa protegerássss...

—¡Maestro, —interrumpió el señor Montgomery— yo iré por Eliett, le juro que nadie le hará daño y la protegeré con mi vida si es necesario.

—Gra... gracias...hijo.. sólo eeesooo quería...escuchar.

—Maestro...—dijo y solo se escuchó el murmullo que corrían de un lado a otro, y voces, hasta que la misma voz del doctor dió la hora del deceso— No puede ser...¿mi maestro ha muerto? —dijo el señor Montgomery poniendo el teléfono, sus mandíbulas apretadas y sus lágrimas corrían por sus mejillas— Yo buscaré a Eliett, yo lo haré, te lo juro maestro, eres el padre que no tuve, gracias a tí, soy lo que soy...infeliz que se atrevió a meterse con mi familia..

—Señor...¿Qué le pasa? —se acercó su secretaria interrumpiéndole— ¿Puedo ayudarlo? —le vió correr las lágrimas sin arrugar el rostro y manteniéndose erguido como si la arrogancia se apoderara de él, solo que su espíritu estaba quebrado.

—Estoy de luto Mariam, —dijo después de unos breves segundos— ha muerto el hombre que me mostró lo más cercano que yo pude conocer, lo que es tener a un padre, acaba de morir mi maestro.

—Lo siento tanto señor Montgomery, —dijo la mujer quebrándose en sus sentimientos— el señor Moore ha muerto, qué terrible noticia, hace un mes estuvo con nosotros, se veía perfecto.

—Mariam, llame para que preparen nuestro vuelo, nos vamos a Nueva York. —dijo sin mostrar el rostro— Voy a despedir a mi maestro, el mejor hombre que yo haya conocido, voy a cumplir su voluntad.




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