La Gala De Una Venganza

Capítulo 7.

Todo estaba en completo silencio, la heredera Moore estaba dormida, débil porque no tenía hambre, alejada de lo que realmente tendría que importarle, su esposo entró a la habitación, se sentía ofuscado por una información inesperada que recibió.

Prendió la luz y ella se volteó cubriendo su hinchado rostro con una almohada para no escandilarse.

—¿Hasta cuándo piensas dormir? —preguntó furioso— Mientras duermes, la empresa de tu padre empezará a desrrumbarse, tu querido señor Montgomery metió libremente a su gente en la empresa y está haciendo de la suya, necesito que te levantes y lo detengas. Eres la única que puedes hacerlo. —el silencio de Eliett era muy notable para Fernando que terminó gritandole— ¡¿Acaso no me oyes?! ¡Ese maldito va a robarnos!

—¿Crees que me importa? Mi padre acaba de morir...y no me grites, no tengo padre, y él nunca se atrevió a tanto, solo te recuerdo que si me he mantenido tranquila, es porque jamás me habías gritado.

—Okey, okey, okey, bien... entiendo y me disculpo, me siento desesperado, miles de familia reciben su sustento de allí...

—¿Y...? Seguro a ellos a igual que a ti les importa muy poco la muerte de mi padre...

—Eliett, claro que me importa, fuí un hijo para él.

—Claro, pero él no fué un padre para tí, ¿Puedes irte? —Fernando la observó detenidamente como se acomodaba para seguir durmiendo.

—Quería a tu padre, no puedes juzgarme por mi carácter, me conoces Eliett, soy tu esposo.

—No Fernando, no te conozco, creí conocerte, ve allá, a la empresa que tanto te importa, y pelea por ella, yo no haré nada...

—Entonces dame autorización para hacerlo por tí, fírmame un poder sobre tus bienes.

—Ya lo hice, ¿Acaso no lo recuerdas?

—No, yo hablo un poder absoluto sobre la herencia de tu padre. —ella descubrió nuevamente su rostro y se fijó en una carpeta que tenía en sus manos— Ese hombre se está apropiando de los bienes familiares, te está robando, a él nunca le importó tu padre, nunca vino a verlo y ahora sí, pero por tu herencia.

—No voy a firmar, ¿Okey?

—¿Qué dices?

—Se lo prometí a mi padre.

—Tu padre está muerto, Eliett, ¿Lo comprendes?

—No, yo no comprendo nada, y tampoco se de que herencia hablas, a mí nadie me ha llamado para notificarme nada.

—Llamaré a los abogados de tu padre, que te lean el testamento... realmente es necesario, solo entiende que soy tu esposo y voy a pelear por tu herencia.

—Apaga la luz dijo arropándose. —Fernando salió con un propósito, sus ojos fueron abiertos y conocer lo que aguardaba el testamento pudiera ser una solución a lograr sus objetivos.

***

La paralizada empresa dejó a todos sus empleados a la expectativa, mientras la sala de negociaciones que tanto frecuentó con firmes, evaluativos y prósperos proyectos el señor Moore, se mantuvo cerrada descubriendo los números calculables por contadores bajo el control de una especial edición, Fernando no soportó ver al mismísimo Are Montgomery ocupando la silla de su suegro.

—¿Qué cómodo no? —preguntó con ironía— Sentado en la silla que yo ocuparé, soy el esposo de la heredera. —la mirada fija del magnate estaba tan puesta en su moral que lo hizo temblar aunque Fernando no lo mostró.

—Cómodo estoy en Canadá, allí realmente es cómodo, y muy interesante vigilar como suben y bajan los números de las empresas que dirijo, toda cifra es observable para mí, sobretodo, si hay un interés especial para mí...

—Espero que su regreso a Canadá sea muy pronto. —objetó Fernando reponiéndose por dentro y él magnate rió frío y calculador.

—¿Preocupado?

—No tengo porqué estarlo, pronto seré yo quien se siente en esa silla, soy el esposo de la heredera —mostró su anillo— ¿No es obvio?

—Bonito y cómodo sillón, realmente mi mentor era extraordinario, exigente con lo bueno, una silla elegante que ocupará su hija....

—Mi esposa solo sabe de hogar y con suerte de música gracias a la formación que le han pagado sus padres.

—Es la dueña, la heredera, ella ocupará el lugar de su padre. —Fernando rió con descaro.

—¿Denigrando de las capacidades de las mujeres?

—De las mujeres no, de mi mujer sí, no le importa, no se interesó nunca y no lo va a hacer, yo lo asumiré por ella.

—No sueñes Fernando, si crees que ella no está capacitada, tu menos lo estás, pero hagamos de cuenta que sí, que tú estás capacitado y preparado en conocimientos y ambiciones. —se levantó el magnate haciéndolo diminuto ante semejante estatura— no es suficiente, tendrás que ser más humilde —puso su mano en su hombro haciéndole peso de humillación— Eliett ocupará el lugar de su padre, y tú, quizás, tal vez con un poco de suerte llegues a ser su empleado.

—¡¿Cómo se atreve?! —se sacudió bajando más para deshacerse del peso del magnate quien con rostro endurecido sonrió— No caeré en sus provocaciones, el testamento será leído mañana.

—Claro, ya el abogado de mi maestro me llamó, seré puntual como siempre.




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