La gran farsante

Capítulo 8: Bailando por un plan

—Murdock, hasta que por fin llegas —sonrió el hombre. Emily se percató de pocas cosas en ese momento, como el traje de Danton y la mirada descarada que la acompañante de este le dirigía a Mur.

—Tenía otro compromiso, y esta bella dama de aquí —indicó señalándola, Danton la observó como si nada al principio, aunque luego sus facciones cambiaron a incertidumbre—, tuvo que esperarme aún mucho más de lo que me esperaron ustedes.

Danton pestañeó pesado, ladeando la cabeza hacia ella. El momento pareció congelarse, Emily lo miraba con cierto miedo, pero él la observaba sorprendido, sus ojos se entrecerraron escrutadores y, finalmente se abrieron de par en par ante lo que a la chica le pareció reconocimiento.

—¿Emily? Que...wow... ¿Qué haces aquí? —exclamó, y al contrario de lo que había imaginado, el hombre sonrió de par en par.

—Quise traerla, me costó hacerlo —comunicó Murdock—. Es dura de roer, ¿sabes? Pero no quería que todos estos ojos se privaran de una belleza tan natural.

Instintivamente la chica pelirroja dejó de sonreír y se llevó la mano a la nariz, evidenciando que, de hecho, no era muy natural que digamos.

—Estás muy hermosa, Emily —halagó Danton, y aunque no pudo evitar el sonrojo y la sonrisa, supo que lo decía por puro compromiso.

No podía estar muy hermosa. Muy hermosas eran el resto de las mujeres que se hallaban a su alrededor. Él no era ciego ante los exponenciales atributos de las mismas, fuesen estos falsos o reales.

—¿Y yo? —cuestionó la modelo acompañante de Danton, mirando a Murdock, al parecer esperaba su infantil cumplido como toda una niña celosa. O estaba entregando un mensaje que Emily no alcanzaba a cazar.

Se inclinaba más a la primera opción.

—Tú estás preciosa, Clarisse —respondió Murdock, guiñándole con complicidad. A lo que la aludida lo desnudó con la mirada, creando un total ambiente de incomodidad.

—Gracias —ronroneó.

—¿Por qué no la llevas por un trago? —cuestionó Danton, adelantándose—. ¿Un baile? —acotó insistente—. ¿Lo que sea?

Murdock sonrió de par en par viendo lo rápido que eso había ido, sin que él hiciera mucho al respecto.

—¿No te molesta? —cuestionó Clarisse nerviosa, mirando de un lado a otro.

—Para nada —respondió Danton. Murdock miró de reojo a Emily y guiñó rápido e imperceptible a su dirección.

El bastardo lucía feliz.

—Entonces… —comentó de forma inconcente, soltando a Emily para tomar a la pelirroja sobre emocionada—. ¿Podrías cuidar a Emily? No quiero que se quede sola, he oído que Ashton Kutcher las quiere bajitas ahora, conoces a Ash, más vale prevenir que curar.

Danton lanzó una carcajada;

—La cuidaré, ya vete.

El chico sonrió, levantó el pulgar y se alejó, pasando el brazo por la finísima cintura de la modelo. Emily sintió un exaspero terrible al verlo alejarse, ¿la estaba dejando de verdad?

El mundo iba en cámara lenta. No tenía idea de que hacer, su mente estaba en blanco mientras su cuerpo se estancaba en completa quietud.

Estúpido plan, no va a funcionar.

Danton arrugó el cejo, entrecerrando los ojos y aterrando a Emily por completo. Por un momento imaginó al hombre leyéndole la mente, enterándose de todo el sabotaje antes de que se llevara a cabo y llamando a seguridad para que la arrastraran fuera del recinto.

Arréstenla, ¿qué no leen sus pensamientos? Arréstenla por intentar sabotear mi vida.

Pero no, inmediato a ese gesto de rareza que puso en señor Lane, el mismo solo esbozó una simpática sonrisa y negó con la cabeza.

—¡Esa chica era… insostenible! —exclamó, observándolos desaparecer entre la gente, con un gesto que a Emy le resultó gracioso y tierno, casi tranquilizador—. ¿Viste esa clase de personas con las que no se puede mantener una charla sin treinta «¿Qué? No entiendo» de por medio? —Emily lanzó una involuntaria carcajada ante la cara de cansancio y alivio que demostraba mientras su cuerpo se movía con histrionismo—. Pero mírate tú, realmente estás muy bonita.

Al escuchar eso, algo sorprendida porque no esperaba que lo repitiera, sus mejillas volvieron a tornarse del color de un tomate, buscando bajo todos los medios formular una sonrisa para que no se percatara de todo lo pasmada que la había dejado.

Sentía que era la primera conversación verdadera que tenía con Danton, y el hombre ya le agradaba, más allá de los cumplidos, parecía como una cuestión de piel.

Le agradaba por el mero hecho del agrado.

—Gracias —respondió Emily al cumplido que le había quedado revotando en la cabeza como un eco.

—Te has vuelto cercana a Murdock —comentó él sin abandonar su encantadora sonrisa. Era súper simpático.

—Es un gran chico —señaló asintiendo—. Míralo, me trajo aquí pudiendo venir con…Gemma Ward o algo así —completó, mencionando la única modelo que recordaba.

Danton rio. Emily se preguntó si había dicho una estupidez.

—Sí, es un gran chico —afirmó acomodándose la manga de su pulcro saco azul oscuro.

—Igual que Jamie —no dudó en agregar Emily mientras se preguntaba que andaría haciendo él en ese momento. De seguro aguantando las peleas de Harlem y Cranberry.

—Jamie necesita trabajar con el egoísmo —agregó Danton acomodándose la otra manga del saco mientras levantaba un poco el cuello para mirar hacia todas partes. ¿Qué buscaría? ¿Otra modelo para que lo acompañe?

—Tal vez…o tal vez aun es solo un adolescente —murmuró pensando que ya lo estaba aburriendo.

—Cuenta como posibilidad —bromeó haciéndola sonreír. Quedaron un momento atrapados en un silencio demasiado ruidoso e incómodo que fue roto por el mismo Danton, quien señaló la nada—.Voy por un vaso de cerveza…

—¿Me dejarás sola? —balbuceó acallándose al instante, avergonzada, él la observó interesado—. Eres…la única persona que conozco —excusó al instante.




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