La gran farsante

Capítulo 24: Casi que sí

Hermosos sentimientos la invadieron al despertar. Estaba a medio metro del rostro de Danton y este le sonreía con diversión en sus facciones.

¿Qué le parecería tan divertido?

Temerosa de haberse babeado durante la noche —no lo había hecho nunca, pero quizá ahora que había dormido de manera tan placentera, las, ¿glándulas salivales? Se le habían, ¿activado?— intentó mover la mano hacia su rostro, pero no lo logró, un peso sobre su brazo se lo impedía.

Emily miró sobre sí misma y se encontró aplastada por su obeso gato. Al parecer lo suficientemente sano como para hacerle tal escena de celos y posesión.

Rio y se movió con suavidad, a modo de quedarse acostada de espalda para poder sostener al gato sobre ella con más comodidad. Le rascó el cuello suave y lo miró con ternura. Volvía a ser el mismo de siempre.

Danton le acarició el lomo, tenía los ojos hinchados y el cabello más revuelto de lo normal. Parecía un niño hermoso y silencioso.

—Debo irme —susurró con la voz más ronca de lo normal.

Emily asintió, irguiéndose con cuidado.

—Gracias por haber estado.

Él se aproximó con lentitud y depositó un beso casto en sus labios. Bajó del sofá cama y buscó las llaves de su auto. La gorra y los lentes estaban al lado.

—Mañana por la noche se va Sevin, por dos semanas —le comunicó Danton a Emily—. Quiero que pases una noche conmigo.

Emily sonrió pero sintió cierta ambigüedad por el tema.

Primero, estaba confundida porque Danton quería estar con ella sin dejar a su novia.

Segundo, sabía que él no debía dejar a su novia por ella, porque Emily podía ser solo una amante pasajera (¡ouch!).

Tercero, llegado el caso, debía dejar a su novia porque ese era el punto del contrato.

El contrato, wow, existe.

Volvió a eliminarlo de su mente tan rápido como llegó.

Sacó al gato de su falda con sumo cuidado y se arrodilló frente al respaldo, cazándolo para besarlo una vez más.

Había una cuarta opción; ignorar todas las anteriores.

 

………

 

¡Te tengo que dejar de nuevo! Extráñame mucho @DantonLane

Emily le sacó la lengua a la pantalla del iPhone cuando leyó ese tuit de Sevin, y, guiada por sus celos, compartió un video con la canción Th Daily Mail.

—¡Emily! ¿Puedes ya dejar eso y secarte el pelo? —se quejó Cranberry con las sombras y bases de maquillaje explayadas en la mesita del comedor—. ¡Aun no te pones ni la ropa! —continuó bufando mientras señalaba la bata de baño en la que la chica había salido envuelta.

Era viernes por la noche, Jamie se había ido el día anterior y Sevin había partido esa misma mañana, dejándoles, sin saberlo, el paso libre a Danton y Emily para finalmente estar juntos.

Emily había accedido a contarles a Harlem y Cranberry porque necesitaba su ayuda, quería verse bien y sentirse bien antes de tener cualquier otro acercamiento con Danton.

—Aquí tienes la ropa interior —comentó Harlem pasándole una delicada cajita rosa claro con el logo de Victoria’s Secret en la parte superior— . ¡Esta es la noche perfecta para que la estrenes con Danton!

Esas palabras, pronunciadas por alguien que no fuera su voz mental, le cayeron como tintineantes monedas en la cabeza, haciéndola reaccionar con cierto temor; se acostaría con Danton esa misma noche. Ese era el plan de él, para eso la había invitado.

La emocionaba y la asustaba a extremos inexpresables.

—¿Te afeitaste las piernas? —le preguntó Cranberry mientras Emily aceptaba la cajita de Harlem con un sincero y asustado gracias.

—Si —respondió monosilábica, levantándose de la silla para dirigirse al baño.

—Bien, vístete así hago algo con tu cara.

Cerró la puerta tras de sí y abrió la caja, encontrándose con la ropa interior más delicada que había visto en su vida; era color blanca y tenía encajes y puntillas en los lugares perfectos, nada cargado. Tan delicado y bello que a Emy le daba pena usarlo.

—Es lencería de novias —le dijo Harlem desde el otro lado de la puerta—, es lo que normalmente se ponen algunas mujeres en la noche de bodas. ¡Y este hermoso acontecimiento casi que equivale!

—¡Harlem esto es hermoso! —balbuceó deshaciéndose de la bata para ponérselo—. Nunca había tenido algo tan delicado y perfecto, no sé cómo pagarlo.

—Ya me pagas con toda esta excitante diversión —le respondió para luego lanzar una fina risita—. ¡La paso mejor que en mis juergas con Paris Hilton, te lo puedo asegurar!

—No exageres —sonrió Emily mientras se contemplaba a sí misma con el conjunto puesto. Le quedaba bien, disimulaba un poco los flotadores que traía por caderas, y, ahora que lo miraba a detalle, no era blanco, era, de hecho, color hueso, como el vestido del after party.

Sintió emoción, era como cerrar un ciclo parecido a como se había abierto; usando algo color hueso.

Se puso el corsé y se calzó los ajustados jeanes negros. Prendió su holgada camisa a cuadros blanca y negra y se subió sobre sus hermosas botas marrón oscuras.

Al menos estaba lista físicamente.

Estaba linda.

Al salir, Cranberry le secó el pelo y le onduló las puntas, dejándole un movimiento perfecto. La maquilló con suavidad, nada que pudiera correrse mucho.

—Perfecto —comentó Harlem aplaudiendo al ver el resultado—. Y dime ¿Le avisaste a alguien? A parte de nosotros, claro.

—Le avisé a Murdock —murmuró ella mientras Harlem le ayudaba a colocarse la campera de cuero—. Se puso contento.

—Qué raro que no esté aquí —masculló Cranberry guardando sus cosas en el portafolio. El rostro le quedaba oculto entre su espeso cabello, pero Emily estaba segura de que sus facciones denotaban algo de decepción por el hecho.

—Está en las primeras filmaciones de Feels Just Like It Should en Reino Unido —respondió—. Llega en unos días.




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