La Grieta

Capítulo 5 — Él (antes del primer mensaje)

No escribió durante días. No por disciplina. Por miedo a confirmar que lo que había sentido aquella noche no era tan importante como había parecido. Cada día que pasaba sin escribir era una pequeña victoria que se volvía una derrota distinta: la de comprobar que el impulso no se iba, solo cambiaba de forma.

Pensó en borrar el número. No lo hizo. Pensó en escribir algo que sonara casual, como si el tiempo no hubiera pasado. No encontró la manera de que sonara honesto. El silencio le parecía más correcto que cualquier frase que pudiera delatar su torpeza emocional.

Hubo noches en las que se convenció de que no escribiría nunca. Hubo mañanas en las que el número parecía una idea mala que ya no recordaba por qué había guardado. En ambas, ella aparecía como una figura sin historia, sin culpa, sin peso real. Eso era lo que más lo atraía: la posibilidad de que nada estuviera en juego. Sabía que era mentira.

El día que escribió, no pasó nada especial. No hubo pelea en casa ni epifanía. Fue una tarde cualquiera en la que se sintió más ajeno que de costumbre a su propia vida. El “hola” salió como una rendición mínima: no a ella, sino a esa parte suya que seguía buscando una grieta por donde respirar distinto.

Envió el mensaje. Dejó el celular boca abajo. Por un instante, el silencio que había sostenido durante días se rompió por dentro. No sabía si ella respondería. Sabía, con una claridad incómoda, que ya no importaba: el movimiento ya lo había hecho él.




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