La Grieta

Capítulo 13 — Distancias que se acortan

Ella
Después de esa noche, él empezó a buscarla con una constancia que no había estado antes. No era insistencia abierta; era presencia. Mensajes casuales, excusas para pasar por el restaurante, miradas que se quedaban un segundo de más. A ella le gustaba esa atención. Le gustaba sentirse elegida sin sentirse elegida por completo.

Había algo en la forma en que él la adulaba que la hacía sonreír incluso cuando no quería. No eran halagos grandes; eran observaciones pequeñas, casi domésticas, que la tocaban sin tocarla. Eso le resultaba cómodo y peligroso al mismo tiempo.

Cada vez que él intentaba acercarse de una manera más tierna —una mano que buscaba quedarse, un gesto que quería durar—, ella marcaba un límite suave. No se apartaba de golpe, pero tampoco se entregaba. No quería que ese vínculo se convirtiera en un acuerdo implícito. Le gustaba la ligereza de no deberle nada a nadie.

Y aun así, sin notarlo del todo, cada encuentro los dejaba un poco más cerca que el anterior.

Él
Después de esa noche, algo en él se desordenó. No era solo deseo: era la sensación de haber encontrado una versión de sí mismo que no usaba hace tiempo. Con ella, se permitía ser más atento, más presente, casi más joven. No quería que lo que habían vivido se quedara archivado como un error discreto.

Intentaba acercarse desde el cuidado: una pregunta que buscaba quedarse, una excusa para prolongar la conversación, una caricia que pedía permiso sin decirlo. Pero ella siempre encontraba la manera de no dejar que ese gesto se volviera costumbre. Él lo notaba. Y lo aceptaba… a medias.

Lo que no sabía manejar era la asimetría. Ella era libre de llegar tarde, de desaparecer días, de salir con quien quisiera sin dar explicaciones. Él, en cambio, vivía en un mapa con fronteras claras, horarios que no se movían, una vida que no podía reescribirse sin consecuencias.

Empezó a pedir más sin pedirlo del todo. A quedarse esperando un gesto que ella no estaba dispuesta a dar. No era reproche lo que sentía, era una expectativa silenciosa que se le iba acumulando en el pecho.




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