La Grieta

Capítulo 25 – La balanza desigual

Él

Caminar por el parque “empezando de cero” resultó ser más difícil de lo que imaginaba.

Los senderos eran amplios, tranquilos, y el sonido del agua de la laguna parecía invitar a conversaciones ligeras. Pero en su cabeza no había calma. Había una imagen fija: los mensajes que había visto en el celular de ella semanas atrás.

Intentó ignorarlo.
Intentó hablar de cosas simples.

Pero el pensamiento volvió una y otra vez, como una espina que no terminaba de salir.

Cuando llegaron cerca de la laguna, no pudo más.

—Hay algo que todavía me cuesta sacar de la cabeza —dijo al fin, mirando el agua—. Ese hombre… el que te escribe.

Ella no respondió de inmediato.

—Sé que sigues saliendo con él —continuó él, con la voz más tensa de lo que quería—. Y… no voy a mentirte. Me duele pensar en eso después de lo que pasó en Navidad.

Esperó una reacción distinta.
Tal vez una disculpa.
Tal vez una explicación.

Pero cuando levantó la mirada, lo que encontró fue firmeza.

Ella

Ella se detuvo en seco.

Lo miró con una mezcla de cansancio y claridad.

—¿De verdad quieres hablar de eso? —preguntó con calma.

Él dudó un segundo, pero asintió.

Ella cruzó los brazos.

—Entonces dime algo primero —dijo—. ¿De qué te duele exactamente?

Él abrió la boca, pero ella continuó antes de que respondiera.

—¿Te duele que yo esté con alguien más… o te duele no poder decidirlo tú?

El silencio entre los dos se volvió pesado.

—Porque hay algo que no puedes olvidar —añadió ella, más despacio—. Tú vuelves cada noche a una casa donde alguien te espera.

Él intentó interrumpirla.

—No es tan simple—

—Para mí sí lo es —lo cortó ella, sin levantar la voz—.

Sus ojos no mostraban enojo.
Mostraban claridad.

—Tú quieres que yo te sea fiel… a un secreto.

Él se quedó quieto.

—Me pides exclusividad desde una vida que no estás dispuesto a soltar —continuó ella—. Y no hablo de Mateo. Tu hijo siempre será tu prioridad, y eso lo respeto. Pero también existe la mujer que duerme contigo cada noche.

El golpe fue silencioso, pero directo.

El dilema

Ella suspiró y volvió a caminar lentamente.

—Yo no te pido que dejes a tu hijo —dijo, bajando un poco el tono—. Pero tampoco puedes pedirme que detenga mi vida mientras tú mantienes la tuya intacta.

Pasaron junto a una pareja que caminaba tomada de la mano.
Ninguno de los dos la miró.

—Los hombres con los que salgo saben quién soy —añadió ella—. Saben que tengo una hija, que trabajo demasiado y que mi vida no es perfecta. Pero al menos… no soy un secreto para ellos.

Él sintió el peso de cada palabra.

Había algo cruel en lo que ella decía, pero también algo imposible de discutir.

—Te quiero —alcanzó a decir él, como si esa frase pudiera reparar el aire entre los dos.

Ella lo miró.

Esta vez no con dureza.

Con tristeza.

—Y yo también —respondió.

Hizo una pausa.

—Pero el amor no paga la matrícula de Sofía.
Ni me da la tranquilidad de saber que no soy “la otra” en la historia de alguien.

El viento movió las hojas de los árboles.

—Si vas a seguir con ella —dijo finalmente—, no tienes derecho a cuestionar con quién salgo yo.

Sus palabras quedaron suspendidas entre los dos.

—Mi libertad es lo único que realmente me pertenece.

Si llegaste hasta aquí, déjame un ❤️ o comenta qué crees que va a pasar entre ellos.




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