Coralie abrió lentamente las puertas de la sala de té de la duquesa y, apenas entró, el delicado aroma a jazmín y rosas frescas la envolvió de inmediato. A pesar de llevar años trabajando dentro de la mansión Arvenis, aquel lugar seguía pareciéndole tan elegante como la primera vez que lo vio. La sala era enorme y bañada completamente por tonos lavanda, marfil y dorado. Las paredes estaban cubiertas por paneles ornamentales tallados con delicadas enredaderas doradas que parecían trepar elegantemente entre los marcos y columnas. Entre cada relieve descansaban enormes cortinas de terciopelo violeta profundo decoradas con finos bordados dorados que brillaban bajo la luz del sol. Los gigantescos ventanales arqueados ocupaban casi toda una pared completa de la habitación. Sus cristales transparentes dejaban entrar la cálida luz de la mañana, iluminando el salón con reflejos dorados y rosados provenientes de los árboles florecidos que podían verse desde el exterior. A través de ellos era posible observar parte de los jardines privados de la duquesa y, más allá, algunas de las elegantes estructuras blancas de la capital ducal.
El techo era aún más impresionante, altas bóvedas ornamentadas se elevaban sobre la sala, decoradas con molduras doradas y detalles florales pintados en suaves tonos púrpura y crema. Del centro colgaban enormes candelabros de cristal cuyos prismas reflejaban pequeños destellos de luz sobre toda la habitación cada vez que el viento movía apenas las cortinas. El suelo de mármol pulido mezclaba tonos claros y violetas en intrincados patrones florales que parecían extenderse como pétalos bajo los muebles. Sobre él descansaban alfombras lavanda con delicados bordados dorados que combinaban perfectamente con el resto de la decoración. Los muebles eran igual de refinados. Pequeñas mesas de té de madera blanca y oro estaban rodeadas de sillones tapizados en telas rosadas y lilas con acabados dorados. Cada rincón parecía cuidadosamente decorado con arreglos florales de rosas, peonías y glicinas que llenaban el ambiente de vida y color.
En las paredes colgaban enormes pinturas de antiguas duquesas Arvenis y paisajes imperiales, todas enmarcadas en ornamentados marcos dorados. Una de ellas destacaba especialmente: el retrato de una mujer noble vestida completamente de blanco sosteniendo lirios entre sus manos mientras observaba fijamente al espectador con una elegancia casi intimidante. La sala completa parecía más un jardín elegante atrapado dentro de un palacio que una simple habitación para tomar el té. Y en medio de toda aquella delicada opulencia, sentada tranquilamente junto a una pequeña mesa mientras sostenía una taza de porcelana entre sus manos, se encontraba la duquesa Fortienne Arvenis. Sentada elegantemente junto a la mesa de té, irradiaba la misma sofisticación impecable que caracterizaba a toda la familia ducal. Incluso después de años trabajando a su lado, Coralie seguía pensando que pocas mujeres dentro del imperio podían compararse con la presencia refinada de su señora.
Fortienne poseía una piel clara y tersa, delicadamente iluminada por la cálida luz que atravesaba los ventanales del salón. Su figura era alta midiendo 1.78 metros y elegante mantenía una postura naturalmente recta y serena, propia de alguien criada desde pequeña dentro de los más altos círculos de la nobleza imperial. Su rostro de forma ovalada ligeramente alargada era fino y armonioso, con facciones delicadas pero sofisticadas que transmitían una belleza madura y tranquila. Tenía una mandíbula suave, labios definidos de un tono rosado natural y unos ojos verde oliva intensos que parecían observar siempre más de lo que expresaban. Había inteligencia en aquella mirada, pero también calma. Una calma que contrastaba enormemente con el carácter rígido de muchas mujeres nobles de la capital. Su cabello castaño claro estaba cuidadosamente recogido en un elegante peinado bajo, dejando escapar algunos mechones suaves alrededor de su rostro que suavizaban aún más sus facciones. Bajo la luz del salón, ciertos reflejos dorados brillaban delicadamente entre las ondas de su cabello.
La duquesa vestía un refinado vestido negro de terciopelo adornado con intrincados bordados dorados que recorrían las mangas y el escote con una elegancia casi artística. Las joyas de esmeraldas que llevaba —un collar fino y largos pendientes dorados— resaltaban todavía más el color de sus ojos. Incluso sentada tranquilamente sosteniendo una taza de porcelana entre sus manos, Fortienne conservaba una presencia distinguida imposible de ignorar. Coralie siempre había pensado que la duquesa poseía una belleza distinta a la de otras nobles. No era una belleza fría ni intimidante, era elegante, como una flor que jamás necesitaba esforzarse para destacar entre las demás. Todos sabía que su matrimonio con el duque de Arvenis fue meramente político, ambos viniendo de las Grandes Casas, y Fortienne siendo la dama principal de la emperatriz siendo reconocida por todos los nobles como su mano derecha, era demasiado obvio que terminaría casándose con el que es la mano derecha del emperador, el primer ministro Sylas Arvenis, aunque se sabe que su matrimonio nunca ha habido amor de por medio, siempre han mantenido una relación respetuosa entre ambos que los ha hecho tener un matrimonio pacifico. Fue una unión política bendecida por los emperadora, así que ninguno podía negarse, y a ninguno les convenía ya que sería unir ambas casas.
La Casa Arvenis proviene de las primeras familias fundadoras de todo el Imperio de Wisteria, su fundador Trevor Arvenis, fue un simple escriba menor en la corte, uno de tantos hombres que observaban sin ser vistos, escuchaban sin ser visto, como una pequeña araña comenzó a tejer su propia red llena de secretos, complots, traiciones, corrupciones, que cuando se dieron cuenta de su amenaza era demasiado tarde, poco a poco los nobles comenzaron a caer en su red, en sus manos y se dice incluso que llego a conocer los más sucios crímenes del emperador, así llego a manipular a toda la corte y se dice que por esa razón lo hicieron un ducado y le otorgo un titulo junto con tierras dentro de la propia región imperial. Incluso se rumorea que Trevor Arvenis para asegurar la supervivencia de su casa escribió un libro donde guardo los más profundos secretos, crímenes y corrupciones de cada casa, y que es entregada al próximo heredero para que así pueda mantener el control sobre las grandes casas nobles y que actualmente el duque Sylas sigue resguardando, aunque eso Coralie no lo sabe muy bien. Pero se dice que lo que guarda ese libro incluso es capaz de desestabilizar a las casas si se llegará a revelar incluso ahora. Pero lo que si sabe Coralie es que es una estrategia que todos los herederos de la Casa Arvenis siguen usando hasta ahora, e incluso se llega a decir que existen más de un libro negro. Es un ducado lleno de miembros ambiciosos, todos sus antepasados han tenido cargos importantes, su provincia imperial que manejan se llama Arveryn en su honor.