La Hacedora del Sol

Capitulo 6: La llegada del Sol

La hora del té finalmente había llegado, normalmente Aryanne solía saltarse ese tipo de descansos para aprovechar mejor su tiempo. Desde pequeña había reducido sus comidas únicamente al desayuno y la cena, considerando cualquier otra pausa innecesaria para sus estudios. Sin embargo, como la princesa Sherline jamás estuvo acostumbrada a soportar jornadas tan estrictas, Madame Bremont se vio obligada a detener temporalmente las clases. Aunque, según la institutriz, aquello también serviría para que ambas niñas pudieran socializar sin tener constantemente encima a sus sirvientes o maestros. Aryanne sinceramente dudaba que aquello fuera a funcionar. Aun así, siguió a Sherline hasta la sala de té privada perteneciente exclusivamente a la princesa imperial. Y apenas cruzó las puertas volvió a quedarse sin palabras. La habitación parecía sacada directamente de un sueño. Las paredes estaban cubiertas por delicados tonos rosa perla y marfil decorados con intrincados relieves dorados que ascendían elegantemente hasta el techo. Cada columna y cada arco estaban rodeados por ornamentaciones florales bañadas en oro que parecían extenderse como ramas vivas alrededor de toda la estancia. El techo abovedado brillaba bajo la luz cálida de un gigantesco candelabro de cristal suspendido justo en el centro de la habitación. Decenas de pequeñas velas iluminaban suavemente el lugar haciendo que toda la sala pareciera envuelta en una luz dorada y rosada al mismo tiempo.

El suelo de mármol blanco reflejaba aquella iluminación como un espejo mientras delicados detalles dorados decoraban los bordes entre las baldosas. Bajo la mesa principal descansaba una enorme alfombra rosa empolvado, bordada con patrones florales y detalles imperiales en hilos dorados. Los enormes ventanales arqueados prácticamente ocupaban toda una pared completa. A través del cristal podía verse parte del complejo imperial iluminado por el sol de la tarde. Las estructuras doradas que adornaban los marcos formaban delicadas figuras florales alrededor de los ventanales mientras largas cortinas rosadas caían elegantemente hasta tocar el suelo. Los muebles parecían demasiado refinados incluso para una princesa. Sofás y sillones de terciopelo rosa claro decorados con finos bordados dorados rodeaban la habitación junto a pequeñas mesas ornamentales llenas de arreglos florales. Sobre varias repisas podían verse delicados juegos de porcelana perfectamente acomodados junto a candelabros y pequeñas figuras decorativas bañadas en oro.

Pero lo que más llamó la atención de Aryanne fue el enorme retrato colocado sobre una de las paredes principales. Era un retrato de Sherline. La princesa aparecía vistiendo un elegante atuendo imperial azul y dorado mientras una pequeña corona descansaba sobre su cabello rubio platino. Incluso dentro de la pintura sus ojos dorados parecían observar todo con aquella mezcla de desinterés y arrogancia tranquila tan propia de ella. Todo en aquella sala gritaba princesa imperial, Sherline avanzó tranquilamente hasta una de las sillas individuales alrededor de la mesa principal y tomó asiento sin demasiada elegancia, dejando escapar un pequeño suspiro de alivio. Aryanne, en cambio, permaneció observando la habitación algunos segundos más antes de finalmente sentarse frente a ella. La enorme mesa redonda entre ambas estaba cubierta por delicadas tazas de porcelana blanca decoradas con oro, pequeños postres perfectamente acomodados y una tetera humeante rodeada de flores rosadas recién cortadas. Y por primera vez desde que llegó al palacio, quedaron completamente solas. Aryanne tomo asiento enfrente de ella, esperaron a que una doncellas les sirviera el té y varios aperitivos que consistían en frutas picadas y sándwiches perfectamente recortados en triángulos.

—¿Cómo ha considero sus clases como su compañera? —preguntó Sherline con curiosidad.

Aquella pregunta la tomo por sorpresa, justo cuando iba a tomar su taza de té, tuvo que dejarla para responderle.

—Han sido satisfactorias su alteza —le mintió, con una gran sonrisa en su rostro—. Espero que este disfrutando tanto estas clases como yo lo estoy haciendo.

Sherline no pudo evitar reprimir una risa incredulidad.

—Que mentirosa tan hábil, lady Arvenis —le reconoció—. Se que está mintiendo porque yo no las estoy disfrutando para nada.

—Lamento ese hecho su alteza…

—¿Cómo puedes soportar ese nivel tan intenso de estudio? —inquirió curiosa—. Solamente es una simple noble, pero se desgasta tanto para cumplir cada una de las expectativas que tienen sobre usted.

Aryanne solo pudo sonreír, no podía confrontar a su alteza.

—No entiendo su pregunta su alteza —la ignoro—. Solo espero que podamos ser buenas compañeras…

—¿Cómo soportas a esa bruja? —mascullo entre dientes—. Es un total fastidio…

Aryanne al darle un sorbo a su té golpeo con fuerza la taza de porcelana al dejarla caer sobre la mesa.

—Perdóneme su alteza, pero no comporto su misma opinión —la defendió—. Madame Bremont es una institutriz ejemplar, y si usted estuviera dispuesta a dejarle que le enseñe, aprendería mucho de ella.

—¿Para que me molesto contigo? —inquirió aburrida—. Eres igual que ella, pero déjeme darle un consejo lady Arvenis ese camino no la llevará a nada.

—Entonces ¿debo de ser igual de desinteresada que usted? —replico seria, tomando una uva y llevándosela a los labios—. Es usted la princesa de este imperio, su falta de disciplina me parece una falta de respeto a todos los nobles, no muestra interés ni por sus deberes tan pequeños como estudiar, es una irresponsable como princesa.




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