Aryanne y Belle continuaron recorriendo lentamente los jardines Arvenis mientras el sol comenzaba a descender sobre la capital imperial, cubriendo todo el lugar con una cálida luz dorada que hacía brillar las flores y las fuentes como si estuvieran bañadas en oro líquido. Coralie las había dejado hacía varios minutos, dándoles privacidad para que ambas pudieran conocerse mejor sin sentirse constantemente vigiladas. Belle no dejaba de mirar absolutamente todo a su alrededor, finalmente ambas terminaron alejándose un poco más de las áreas principales del jardín hasta llegar a una zona mucho más tranquila y apartada de la mansión. Los senderos de mármol se volvían más estrechos ahí, rodeados por altos arbustos florales y pequeñas lámparas ornamentales escondidas entre las plantas. Grandes arcos de piedra cubiertos de enredaderas conectaban aquella parte del jardín con pequeños pabellones abiertos y antiguos bancos de mármol parcialmente cubiertos por flores. Y entonces llegaron frente al árbol, Belle se quedó completamente inmóvil.
En el centro de aquella sección del jardín se alzaba un gigantesco árbol de magnolias blancas cuya copa parecía extenderse hacia el cielo como una enorme nube cubierta de flores. Su grueso tronco antiguo estaba ligeramente retorcido por el paso del tiempo mientras enormes ramas se extendían elegantemente en todas direcciones sosteniendo cientos… no, miles de magnolias completamente abiertas. Las flores blancas brillaban suavemente bajo la luz del atardecer. Parecían pequeñas estrellas floreciendo entre las ramas oscuras. El viento movía lentamente las hojas y pétalos haciendo que algunas magnolias cayeran suavemente alrededor del árbol cubriendo parcialmente el suelo de piedra clara. A sus pies crecían pequeños jardines circulares llenos de flores blancas y rosadas que rodeaban elegantemente la base del tronco. La luz dorada atravesaba los espacios entre las ramas iluminando delicadamente algunas flores mientras otras permanecían bajo suaves sombras cálidas. Todo alrededor del árbol parecía silencioso, tranquilo, casi sagrado, incluso el aire era distinto ahí. El aroma dulce y suave de las magnolias llenaba completamente aquella parte del jardín mezclándose con el olor fresco de la hierba y la tierra húmeda calentada por el sol. Belle lentamente llevó ambas manos hacia su pecho completamente deslumbrada.
—Es… hermoso… —Su voz apenas salió como un susurro—.
Aryanne desvió ligeramente la mirada hacia ella, los ojos celestes de Belle brillaban con tanta emoción mientras observaba aquel árbol que, por un instante, parecía incluso más fascinada por las flores que por toda la riqueza de la mansión. Y honestamente… Aryanne comenzaba a creer que eso realmente era posible, pronto comenzó a entender que asi era Belle de simple interesando por las cosas más simples que por las más llamativas, y comenzaba a gustarle ese lado de ella. Justo cuando ambas permanecían admirando aquella enorme magnolia blanca, una fuerte ventisca atravesó repentinamente los jardines haciendo que las ramas del árbol se agitaran con fuerza. Los pétalos comenzaron a volar alrededor de ellas mientras el viento movía violentamente sus cabellos y vestidos. Aryanne apenas tuvo tiempo de reaccionar cuando sintió cómo el lazo de seda que sostenía parte de su cabello se desataba.
—¡Ah!
El delicado lazo blanco bordado con hilos dorados salió volando arrastrado por el viento antes de elevarse entre las ramas de la magnolia hasta quedar atrapado en una de las más altas. Aryanne levantó la mirada siguiendo el movimiento de la tela mientras una pequeña decepción aparecía en su rostro, era su lazo favorito, soltó un pequeño suspiro resignado pensando que más tarde tendría que pedirle a Coralie que enviara a algún sirviente a recuperarlo. Pero pareció que Belle notó inmediatamente su expresión, porque enseguida sonrió intentando animarla.
—¡No te preocupes, Arya! —la calmo—. Yo lo recuperaré por ti y así voy a demostrarte mi lealtad.
Aryanne se quedó completamente inmóvil, estaba más conmocionada por el hecho de que Belle acababa de darle un apodo apenas en su primer día de conocerse que por haber perdido el lazo. ¿Arya? ¿Desde cuándo tenían suficiente confianza para eso? Pero antes de que pudiera siquiera reaccionar apropiadamente, Belle ya había comenzado a trepar el árbol, Aryanne abrió los ojos alarmada.
—¡Belle, detente!
Se acercó rápidamente hacia el tronco mientras observaba horrorizada como comenzaba a escalar la enorme magnolia con una facilidad absurda.
—¡Bájate de ahí ahora mismo! —Su voz sonó completamente exasperada—. ¡Eso no lo hace ninguna dama noble!
Pero Belle solo giró ligeramente el rostro hacia ella sonriendo despreocupadamente.
—No te preocupes, Arya —la tranquilizo—. Yo hacía esto todos los días en el campo, subía árboles para comer manzanas y esconderme de mi mamá. es muy fácil trepar.
—Será muy fácil caerse querrás decir.
Aryanne para nada se sintió tranquilizada.
—¡Belle, baja inmediatamente! —le ordeno—. Cualquier sirviente puede recuperar el lazo, ¡Te vas a caer! No puedo perder a mi dama de compañía en su primer día.
Pero en lugar de persuadirla, aquellas palabras parecieron aumentar todavía más la determinación de Belle. Aryanne solo pudo observar completamente horrorizada cómo la niña seguía escalando el gigantesco árbol con una agilidad ridículamente natural, moviéndose entre las ramas como una pequeña ardilla. Y para su desgracia Belle realmente logró llegar hasta la rama donde el lazo había quedado atrapado.