El primer olor que pudo respirar aquel día fue el dulce olor que estaban desprendiendo los jazmines, el cielo se encontraba claro y despejado aquel día, con sus nubes esponjosas blancas, el sol se encontraba brillante, eso era una buena señal significaría que haría un buen clima, todo pintaba para ser un día perfecto, ese día sería el primero de muchos momentos importantes que marcarían el resto de su vida. Desde muy temprano, la mansión Arvenis se había convertido en un desfile interminable de sirvientes, flores frescas, vajillas de porcelana y órdenes cuidadosamente calculadas. Aryanne recorría los jardines supervisando personalmente cada detalle mientras observaba cómo acomodaban las mesas donde, dentro de unas horas, recibiría a las jóvenes damas nobles más importantes de la capital. Hoy finalmente daría su primera fiesta de té oficial, la primera presentación de Aryanne Arvenis ante las nobles de su generación. Apenas tenía doce años, pero dentro de la aristocracia incluso los niños debían comenzar a jugar el juego social mucho antes de convertirse en adultos. Debido a su edad todavía no podían asistir a bailes nocturnos ni a grandes eventos políticos, pero sí se les permitía organizar fiestas de té durante la tarde, reuniones elegantes supervisadas por sus familias donde comenzaban a construirse futuras amistades, alianzas y rivalidades. Todas debían iniciar con la luz del sol y terminar antes del anochecer.
Muchas jóvenes nobles ya habían celebrado las suyas meses atrás, y a todas Aryanne siempre se había negado a asistir no porque no quería mezclarse con ellas, era más una estrategia para beneficio de ella misma. Esto debido a que realmente pocas conocían su apariencia física ya que no asiste a la Academia de Damas como el resto de las señoritas nobles, la mayoría solo había escuchado rumores sobre ella y precisamente por eso aquella fiesta debía causar un impacto mucho mayor que cualquier otra celebrada en la capital. No le daría a ninguna otra el placer de revelar su apariencia física y que se llevará la exclusiva y que todos solo hablarán de su fiesta, era egoísta Aryanne y lo reconocía. Seguramente muchas se morían de curiosidad por descubrir quién sería la futura emperatriz del Imperio de Wisteria. Otras probablemente rezaban para que fuera alguien mediocre, alguien sin gracia, alguien cuyo único mérito fueran aquellos ojos rosados bendecidos por Aelira. Sus labios se tensaron apenas ante aquel pensamiento, por eso este día era tan importante, era su oportunidad para demostrarles a todas que solamente Aryanne Arvenis podía convertirse en emperatriz.
Mientras observaba a los sirvientes acomodar delicadamente la porcelana imperial sobre las mesas del jardín, no pudo evitar pensar que dentro de la nobleza un solo error jamás desaparecía realmente. Los nobles podían sonreír elegantemente y felicitarte con palabras dulces mientras destruían lentamente tu reputación detrás de murmullos venenosos. Si algo salía mal hoy, nunca dejarían que lo olvidara, se convertiría en una piedra permanente dentro de su zapato cada vez que apareciera en cualquier evento social futuro y Aryanne jamás permitiría algo así. Todo debía ser perfecto, no existía espacio para errores, precisamente por esa razón, incluso Fortienne había decidido involucrarse personalmente en la organización del evento. Aunque, en realidad, su madre únicamente refinaba lo que Aryanne ya había planeado cuidadosamente por sí sola.
—Las rosas blancas deben ir al centro, no las rosadas —corrigió Fortienne suavemente mientras observaba uno de los arreglos florales—. El blanco hace resaltar mejor la porcelana.
Aryanne asintió inmediatamente hacia los sirvientes.
—Cámbienlas.
Los trabajadores obedecieron apresuradamente mientras Fortienne observaba a su hija durante unos segundos antes de sonreír ligeramente.
—Estás demasiado tensa, cariño.
Aryanne mantuvo la vista fija sobre las mesas perfectamente alineadas.
—No puedo permitirme cometer errores hoy.
Su madre soltó una pequeña risa elegante.
—Eso es exactamente lo que me preocupa.
Pero Aryanne apenas la escuchó, su atención permanecía completamente fija en los jardines decorados frente a ella, donde dentro de unas horas comenzaría oficialmente el primer verdadero juego político de su generación. Coralie quien se encontraba a su lado coordinando todo en su fiesta, le sonrió calmada:
—Todo saldrá bien mi lady —la calmo—. Ha planeado esto por meses, su esfuerzo dará fruto.
—¿Todos los invitados confirmaron su asistencia? —preguntó seria, mientras fijaba su mirada atentamente sobre los sirvientes que se encontraban adornando las mesas donde daría su fiesta de té en los jardines—.
—Como ordeno mi lady solo la lista que selecciono fueron invitados —le confirmo—. Todos confirmaron su asistencia.
—Bien.
—¿No tienes miedo cariño que los nobles que no invitaste te guarden rencor? —inquirió Fortienne—.
—Mi fiesta debe de ser exclusiva —respondió seria—. Si la hago publica todos creerán que se pueden codear conmigo —miro con severidad a su madre—. ¿Temes que arruine tus viejas amistades?
Fortienne se rio al ver la expresión severa en su pequeña hija.
—Para nada cariño —contestó sincera—. Seguramente lo entenderán.
—No soy como los otros nobles —dijo orgullosa—. Deben de entender que estarán ante la presencia de la hija del Primer Ministro, así todos querrán asistir a mis fiestas exclusivas solo para lo mejor de la nobleza.