La Hacedora del Sol

Capitulo 11: Sonrisas entre espinas

Cuando Aryanne finalmente descendió hacia los jardines acompañada de Belle, el murmullo de conversaciones se fue apagando lentamente hasta quedar sumido en un silencio casi absoluto. Tal como había esperado, todas las jóvenes nobles voltearon inmediatamente hacia ella y por un breve instante, Aryanne supo que había ganado. La belleza es su mayor poder y la arma que puede empuñar para atacar a sus enemigos, y este día lo usaría. Los jardines Arvenis habían sido completamente transformados para la ocasión, la temática de la fiesta era la primavera, y parecía como si todo el lugar hubiera florecido exclusivamente para recibir a las jóvenes damas de la capital. Grandes arcos cubiertos de rosas blancas, glicinas lilas y flores rosadas se elevaban sobre los caminos de piedra, mientras delicadas telas color marfil descendían elegantemente desde las estructuras formando suaves ondas movidas por la brisa cálida del verano. La luz del sol atravesaba las telas translúcidas iluminando todo con un resplandor dorado y elegante que hacía parecer el jardín sacado de un sueño. Las mesas redondas distribuidas alrededor del jardín estaban cubiertas con manteles blancos bordados con encajes florales. Sobre ellas descansaban juegos completos de porcelana imperial decorados con pequeños detalles dorados y flores pintadas a mano.

Las tazas de té brillaban delicadamente bajo la luz mientras enormes bandejas de plata exhibían toda clase de postres cuidadosamente preparados: pequeños macarons en tonos pastel, tartas decoradas con frutas frescas, pastelillos cubiertos de crema rosada, galletas con forma de flores, panes dulces espolvoreados con azúcar y delicados chocolates rellenos acomodados perfectamente sobre platos ornamentados. Incluso las jarras de cristal contenían bebidas de distintos colores decoradas con pétalos flotando elegantemente sobre la superficie. Grandes arreglos florales adornaban cada rincón del jardín. Rosas, peonías, hortensias y glicinas caían delicadamente desde enormes jarrones de mármol blanco mientras pequeños candelabros de cristal colgaban entre las estructuras reflejando la luz del sol como diminutos diamantes suspendidos en el aire. Todo lucía impecable, todo lucía perfecto. Las jóvenes damas nobles también parecían haber entendido perfectamente la temática de la fiesta. Cada una vestía tonos suaves inspirados en la primavera: rosa claro, lavanda, azul cielo, marfil, verde menta y amarillo pálido. Sus vestidos estaban cubiertos de encajes, flores bordadas y cintas satinadas mientras pequeños sombreros decorados con pétalos y joyas descansaban elegantemente sobre sus peinados perfectamente arreglados. Algunas llevaban delicados guantes de encaje hasta los codos y otras sostenían abanicos pintados a mano con flores primaverales. Parecían pequeñas muñecas aristocráticas salidas de un jardín encantado. Y aun así… ninguna lograba opacar a Aryanne, ella podía verlo perfectamente en sus rostros, algunas la observaban fascinadas, otras claramente sorprendidas y unas cuantas no lograban ocultar la envidia que cruzaba brevemente por sus expresiones antes de volver a sonreír elegantemente. Aryanne en cambio mantuvo su sonrisa cálida e impecable mientras descendía lentamente las escaleras del jardín.

—Lamento mucho haberlas hecho esperar —se disculpó suavemente inclinando apenas la cabeza—. Mis sirvientas tardaron más de lo esperado en prepararme.

Belle, caminando unos pasos detrás de ella, casi abrió los ojos con incredulidad, eso claramente era una mentira descarada. Ella había visto perfectamente cómo Aryanne había esperado deliberadamente antes de salir únicamente para causar un mayor impacto. ¿Y ahora decía aquello con tanta naturalidad? Pero para sorpresa de Belle, varias jóvenes nobles soltaron pequeñas risas elegantes.

—Realmente es terrible cuando las doncellas tardan demasiado.

—Especialmente con los peinados.

—A veces pasan horas acomodando flores.

Las demás comenzaron a reír suavemente entre ellas como si compartieran una desgracia universal. En ese momento fue que Belle finalmente lo comprendió que todas son iguales a Aryanne. Todas eran perfectamente conscientes de su posición, su imagen, sus palabras y el poder que tenían sobre las demás. Belle comenzó a observarlas con más atención: sonreían dulcemente, sus voces eran suaves y sus modales impecables… pero sus ojos reflejaban algo completamente distinto; envidia, competencia, desprecio. Cualquiera de ellas estaría feliz si Aryanne cometiera un error o si desapareciera, aquello hizo que un pequeño escalofrío recorriera la espalda de Belle. A pesar de eso Aryanne continuó sonriendo como si no notara nada, aunque Belle ya la conocía lo suficiente para entender que sí lo hacía. Simplemente había decidido seguirles el juego, después de todo seguía siendo la noble de más alto rango presente en aquel jardín, a excepción de que hubiera algún miembro de la familia imperial, por lo que esas damas nobles no se atreverían a despreciarla.

—Todos se ven tan hermosas como flores brotando en primavera —las halago—. Sin duda hacen honor a mi fiesta —les sonrió dulcemente—. Creo que ya todas saben quién soy, pero me gustaría presentarme ante todas ustedes —hizo una reverencia elegante al mismo tiempo en que hablaba—. Mi nombre es Lady Aryanne Arvenis, es un placer finalmente conocerlas a todas —señalo a Belle a su lado—. Esta es mi dama de compañía se llama Lady Belle Pavielle, por favor sean amables con nosotras.

Apenas terminó de presentarse formalmente, el resto de las jóvenes nobles prácticamente se abalanzó hacia ella. Todas sonreían de una manera dulce y refinada mientras intentaban llamar su atención al mismo tiempo. Algunas elogiaban la decoración de los jardines, otras comentaban lo hermoso de su vestido y varias parecían excesivamente interesadas en cualquier cosa relacionada con ella. Aryanne, sin embargo, era perfectamente consciente de la verdadera razón detrás de aquel comportamiento. Todas querían convertirse en las amigas de la futura emperatriz, ahora que finalmente habían corroborado que Aryanne no poseía algún defecto físico evidente, seguramente comenzarían a buscar otro y si no lo encontraban lo crearían. Dentro de la nobleza no era necesario que un defecto fuera real para destruir a alguien, bastaba un rumor bien colocado o una humillación pública en el momento adecuado para arruinar una reputación. Buscarían cualquier error, cualquier debilidad, cualquier grieta y Aryanne sabía perfectamente que no podía permitirse mostrar ninguna. Por eso continuó sonriendo dulcemente mientras fingía interés genuino en cada conversación. Respondía elegantemente a todos los cumplidos, preguntaba por sus familias y escuchaba atentamente sus experiencias dentro de la Academia de Damas, incluso llegó a lamentarse suavemente por no poder asistir junto con ellas.




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