La Hacedora del Sol

Capitulo 12: Flores entre serpientes

Aryanne reconoció inmediatamente a la joven noble que le había ayudado hacía apenas unos minutos. Se trataba de lady Heather Bristaire, la segunda hija y única mujer de la Casa Bristaire, aunque no pertenecen a las familias fundadoras del Imperio de Wisteria, siguen formando parte de la Alta Nobleza y son ampliamente conocidos dentro del imperio por algo muy específico: la diplomacia. La Casa Bristaire es famosa por haber producido durante generaciones algunos de los diplomáticos más talentosos y leales al imperio, numerosos tratados entre naciones han sido posibles gracias a ellos, y en varias guerras incluso actuaron como mediadores imperiales para evitar conflictos mayores. Su influencia en asuntos internacionales es enorme, por eso mismo, Aryanne no esperaba que alguien criada dentro de una familia tan diplomática actuara de una manera tan directa como lo había hecho Heather hace unos momentos. No pudo evitar observarla con más atención, pues posee una belleza exótica difícil de ignorar. Su piel es tan blanca como la porcelana más fina, contrastando elegantemente con su cabello completamente lacio de un rubio platino claro. El corte recto de su flequillo cuadrado enmarcaba perfectamente su rostro mientras algunas hebras más largas caían suavemente a los lados de sus mejillas. Su figura es alta y estilizada para alguien de su edad, con una complexión esbelta y un porte refinado que evidenciaba claramente su educación aristocrática.

Pero lo más llamativo de ella eran sus ojos, de un extraño color verde oliva, eran rasgados y ligeramente alargados, distintos a cualquiera que pudiera encontrarse normalmente dentro del imperio. Su mirada era intensa, observadora casi desafiante, fue precisamente en ese momento cuando Aryanne recordó aquello que manchaba la reputación de la Casa Bristaire: su sangre. Debido a que los Bristaire pasaban más tiempo fuera del imperio que dentro de él manteniendo relaciones diplomáticas con otras naciones, varios miembros de su familia habían terminado formando relaciones con extranjeros e incluso teniendo hijos con mujeres ajenas al Imperio de Wisteria. Por esa razón, dentro de la nobleza se decía que la sangre de los Bristaire estaba “manchada”. A cualquiera nacido entre alguien del imperio y un extranjero se le llamaba mestizo y dentro de Wisteria, aquello era visto como una impureza. No eran tratados igual que esclavos, cuya sangre era considerada completamente indigna, pero tampoco eran vistos como verdaderos nobles puros. Incluso el campesino más pobre nacido únicamente de sangre wisteriana era considerado “más puro” que ellos. Los mestizos eran repudiados socialmente porque se creía que habían contaminado la sangre del imperio con la de extranjeros.

La única razón por la que la Casa Bristaire había logrado sobrevivir al desprecio de la nobleza era debido a sus innumerables logros diplomáticos y servicios hacia el imperio. Sus contribuciones eran demasiado importantes como para ignorarlas por completo, por ello se les permitía permanecer dentro de la sociedad noble, aunque jamás serían verdaderamente aceptados. Porque para el resto de la aristocracia, los Bristaire seguían siendo una familia manchada y aquella “mancha” podía verse claramente en Heather: en sus ojos rasgados. En aquella belleza extranjera que la separaba inmediatamente del resto de las jóvenes nobles del jardín. Aryanne realmente los había invitado únicamente por cortesía, completamente convencida de que no asistirían. Había escuchado incontables veces a su madre comentar que los Bristaire rara vez acudían a eventos sociales que no estuvieran relacionados con asuntos diplomáticos. Fuera de ello, prácticamente eran invisibles dentro de la alta sociedad, por eso misma razón jamás esperó que uno de ellos apareciera en su fiesta de té.

Aryanne sabía perfectamente que, si no lograba manejar aquella situación con cuidado, todo podía escalar rápidamente. Observó cómo varias de las jóvenes nobles dejaban finalmente a un lado aquella máscara de dulzura y pureza que habían mantenido durante toda la tarde para revelar lo que realmente escondían detrás de sus sonrisas elegantes: odio y desprecio. No podían ocultar la repulsión que sentían hacia Heather, sus ojos verdes rasgados eran suficientes para recordarles que la sangre de la Casa Bristaire estaba “manchada”. Y al parecer, aquello bastaba para convertirla automáticamente en alguien inferior ante ellas. Aryanne mantuvo una sonrisa tranquila mientras se giraba hacia Belle.

—Belle, deberías regresar a la mansión a cambiarte de ropa —dijo suavemente observando el vestido manchado de té—. No quiero que pases el resto de la tarde incómoda.

Belle asintió tímidamente todavía afectada por lo ocurrido, entonces Aryanne dirigió la mirada hacia Heather.

—Lady Bristaire, ¿podría acompañar a mi dama de compañía? —le pidió, sabía que debía de sacarla del centro de atención en el que se encontraba—. Me temo que necesitará ayuda para tranquilizarse.

Pero antes de que Heather pudiera responder, Aryanne subestimó completamente hasta dónde podía llegar el odio de aquellas nobles hacia alguien mestizo.

—Lady Arvenis debería tener cuidado —comentó una joven noble con una sonrisa llena de veneno—. Su casa podría terminar manchada también.

—Realmente no entiendo cómo alguien así se atreve a mostrarse delante de nosotras.

—La Casa Bristaire solo sigue existiendo por sus logros diplomáticos.

—No merecen compartir el mismo aire que nosotras.

—Qué risa que una mestiza crea que pertenece a la alta sociedad.

—Sangre inmunda…




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